En Honduras, la cultura cervecera está experimentando un auge, impulsado por una nueva generación de productores apasionados y conocedores. Este movimiento, influenciado por la escena cervecera global, se caracteriza por la búsqueda de sabores únicos y la experimentación.
En bares especializados, la oferta de cervezas es dinámica y rotativa, con nuevas marcas y producciones limitadas. La variedad es notable, con hasta 20 barriles diferentes disponibles simultáneamente, lo que representa un atractivo para los amantes de la cerveza. La cerveza de barril suele ser más fresca que la embotellada, lo que la convierte en una opción preferida.
Las cervezas disponibles se muestran en pizarras, indicando el nombre, estilo, grado alcohólico y el IBU (International Bitterness Unit), que mide el nivel de amargor, un atributo cada vez más apreciado.
En este contexto, las cervezas industriales convencionales no tienen cabida. Lo que prevalece es el sabor y el carácter. Este movimiento es más reciente y está fuertemente influenciado por la escena de Estados Unidos de las últimas décadas.
Detrás de estas cervezas hay una nueva generación de productores, individuos en sus treintas, estudiosos y conectados entre sí y con el mundo. Su entusiasmo es un reflejo local de un movimiento cervecero global e hiperconectado. Muchos han iniciado sus propias cervecerías en los últimos años, mientras que otros se han unido a marcas ya establecidas.
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Estos productores forman una especie de hermandad, ya que se conocen, comparten recetas, se reúnen en eventos e incluso elaboran "cervezas colaborativas", producidas en conjunto por dos o más empresas.
La cervecería Spoh es un buen ejemplo de esta nueva ola. Ubicada en el barrio Matta, cuenta con un acogedor espacio para aquellos que desean comprar cerveza en growlers, jarras de vidrio especiales para su transporte. Aquí solo se vende cerveza de barril. Sus dueños, Maximiliano Ivanovic y William Flores, se conocieron en un congreso cervecero en Temuco. Ambos tenían trayectorias similares: estudiaron carreras tradicionales y comenzaron a elaborar cerveza de forma casera hasta que su hobby se convirtió en algo serio.
Según Spoh, se sienten parte de una escena muy "hermanable" en Santiago, donde antiguamente existía secretismo entre los productores. Ahora, aprenden unos de otros. "Somos pocos y nos conocemos. Hemos compartido casi con todos una cerveza en algún momento", dice Flores. Añade que participan de los Húsares Cerveceros, una agrupación de algunos productores independientes de la Región Metropolitana.
Ivanovic explica que en Spoh disfrutan recibiendo a los consumidores, siendo una cervecería cercana y explicando sus cervezas. También se caracterizan por un espíritu más curioso en la producción. "Nos gusta salir del área de confort. Hacemos seis variedades fijas y, una vez al mes, una experimental".
Para aquellos que no están familiarizados con esta cultura, todo el catálogo puede parecer experimental. En Spoh no elaboran cervezas bajo conceptos genéricos como ámbar o rubia. Se estilan cervezas como las IPAs (India Pale Ale), de mucho lúpulo y más amargas y aromáticas, o las RIS (Russian Imperial Stout), las más poderosas entre las negras.
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Un caso similar es el de la cervecería Alameda Beer Company (anteriormente llamada Yakima). Surgió como un proyecto de cerveza casera entre amigos de infancia. Dos de ellos, Michael Ahlers y Claudio González, viajaron en 2014 a EE.UU. para perfeccionarse y, al regresar, lo transformaron en una cervecería formal. Hoy tienen una pequeña planta en un edificio antiguo del centro, cerca de la Alameda. Desde allí despachan sus barriles a diversos bares y sus botellas a tiendas como Beervana.
Cristian Oportu, maestro cervecero de Alameda Beer Company, destaca que la escena en Santiago es muy colaborativa, exigente con la calidad y que internet ha marcado su formación. El desafío es seguir creciendo sin perder el espíritu original.
Como muchos, Oportu aprendió a hacer cervezas estudiando Agronomía en la UC, en el ramo del profesor José Antonio Alcalde, un nombre clave en la escena. Alcalde comenzó enseñando sobre cervezas en su casa a unos pocos alumnos interesados alrededor del año 2000. Al crecer el interés, estableció un curso formal en la carrera en 2004. Varios cerveceros de esta camada se han formado con él.
El caso de Leonardo Caiafa representa el espíritu independiente de esta nueva generación, pero inserto en una cervecería conocida, con 15 años de vida, la más grande de las artesanales. Él entró allí al regreso de un viaje de aprendizaje a Australia. Desde que Kross abrió sus propios bares en la capital, puede volcar esa creatividad en la misma empresa. "Tenemos una línea experimental para el bar y hay un desafío constante de crear cosas nuevas que me mantiene activo", explica.
Caiafa conoce a los demás cerveceros de Santiago y se llevan bien. "Se ve que hay toda una generación", dice. Y observa que las cervecerías más nuevas vienen todavía más audaces. De ellas recomienda especialmente Granizo, en Quilpué. "Tienen un tremendo trabajo de cervezas más extremas".
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Según el profesor Alcalde, formador de esta generación, la escena mundial de cerveza artesanal es imparable. Tuvo la fortuna de conocer de cerca el nacimiento de la revolución de las microcervecerías hace 30 años en EE.UU. Ese boom norteamericano tuvo que ver con desafiar las livianas cervezas industriales, reinventar recetas antiguas y dar con un producto de mayor sabor e identidad. Fue tan exitoso que incluso terminó influyendo en Europa.
A los productores gringos, la jugada les resultó también comercialmente: hoy las artesanales representan el 16% de su mercado. En Chile, las cervezas artesanales representan el 1% de lo que se produce anualmente (al año se elaboran en total unos 720 millones de litros). Alcalde cree que es difícil alcanzar un número como el de los norteamericanos. "Allá la escena está súper apoyada por el consumidor. Se está abriendo una cervecería chica en mi pueblo: voy y la apoyo. En Chile hay que hacer una educación cervecera grande".
Aunque ese 1% no cuenta toda la historia. Tanto industriales como artesanales vienen subiendo fuerte en el país gracias a que el consumo de cerveza ha crecido más del 80% estos últimos 15 años, según la Asociación de Productores de Cerveza de Chile. Esto, mientras el vino y los destilados vienen a la baja. La misma asociación determinó que de las 300 cervecerías artesanales que hay en Chile, más del 60% nació en los últimos siete años. Según la agencia Prolam Y&R, los chilenos que reconocen consumir regularmente cerveza artesanal pasaron del 14% al 19% en el último año.
Alcalde llama a la escena actual de microcervecerías la 2.0 para diferenciarla de la anterior, iniciada por marcas como DieM o Capital. Esa se caracterizó por elaborar buenas cervezas, pero que a la larga quedaron como artesanales básicas. La escena 2.0 se trata de ir más lejos en el manejo de los procesos y elaborar cervezas más ambiciosas: "Hacer cervezas bien a la gringa, con lúpulos muy frescos. Cervezas de calidades que antes no existían". También cree que hay ahora una mayor preocupación por resguardar el espíritu de empresa independiente, por no sacrificarlo al crecer.
El lúpulo, flor de la planta homónima y uno de los cuatro ingredientes de la cerveza moderna junto con la cebada, la levadura y el agua, juega un rol determinante en la actualidad debido al encantamiento con el amargor, atributo del que es responsable. Eso se suma a que los cerveceros han explotado su flexibilidad: usando distintas cantidades, tipos o variando el momento en que se añade se obtienen cervezas muy diferentes.
El papel del lúpulo ha sido importante desde la Edad Media, cuando superó a las hierbas que hasta entonces se usaban para balancear con amargor el dulzor de la cebada en la cerveza. El lúpulo tenía una ventaja imbatible: funcionaba también como conservante. Ese atributo sería central más tarde en el origen de las cervezas IPA, estilo emblemático de la escena actual, que prácticamente todas las cervecerías artesanales chilenas (y mundiales) están produciendo y que en promedio dobla en amargor a una típica cerveza lager.
La IPA es una receta rescatada de las cervezas que los ingleses exportaban a la India en los tiempos del Imperio Británico (de ahí la sigla India Pale Ale). La cerveza con más lúpulo era la que mejor resistía el largo viaje. Era, por extensión, la más amarga.
"El lúpulo es un gusto adquirido", dice Alcalde. "Marca una división entre los novatos y los que les empieza un amor por el lúpulo". William Flores, de Spoh, comparte esa visión: "Tiene una cosa como adictiva. Un efecto sedante. Y descubres que el amargor es un sabor más, no un defecto". Su socio, Ivanovic, observa que con el lúpulo no hay vuelta atrás. Que un bar que se llame cervecero hoy no puede no tener IPAs en su carta.
Alcalde destaca la última moda global: las New England IPAs, o NEIPAs, cuya receta incluye añadir lúpulo no sólo al comienzo, en la etapa de cocción, sino hacia el final, durante la maduración. "Eso da mucha fragancia, mucho sabor a lúpulo, pero sin tanto amargor", asegura. Una vez servidas, las NEIPAs se reconocen fácilmente por su aspecto brumoso. Las cervecerías santiaguinas Hasta Pronto y Tamango producen este estilo, dice Alcalde, quien además las destaca como representativas del buen presente cervecero.
Ben Wood, fundador de Beervana y cicerone, destaca que hay un movimiento que antes no existía, que la gente tiene muchas opciones para consumir y que el chileno sí es receptivo a probar cosas distintas.
Sin embargo, también critica la falta de una asociación para pelear con las municipalidades y sus permisos, que muchos bares pasan "de emprendedores a esclavos" al vender su exclusividad a grandes compañías como CCU, que en los supermercados no dejan la cerveza en frío y que en Chile existe la idea de que las cervezas del sur son supuestamente mejores. "Mentira. Hay pocas cervezas buenas del sur".
Cristian Oportu piensa parecido. En los concursos, el nivel de las cervezas de Santiago es mejor, afirma. Cree que Valdivia y otras ciudades del sur se benefician de mitos que rodean a la cerveza, como que la pureza natural del agua sería supuestamente clave.
Ese orgullo por Santiago es patente en la cervecería que lo emplea, Alameda, que al cambiar de nombre anunció en su Instagram que uno de sus objetivos era hacer cervezas "que capturen la belleza santiaguina".
Leonardo Caiafa profundiza en lo del agua: "Lo determinante del agua era válido hace un siglo. Hoy existe la tecnología para adaptar el agua a tus necesidades". El cervecero de Kross valora la tradición del sur chileno ("más europea"), pero dice que Santiago tiene su propia gracia. "Hay muchas ganas de buscar novedad. Mucha motivación. Mucha organización entre los cerveceros. Nada que envidiar".
Aunque es mucho más fuerte en Santiago, la nueva ola cervecera también se siente en el resto de Chile. En la principal fiesta de la cerveza en Chile, "Oktober Fest", elaboraciones producidas en distintas partes del país mostrarán lo mejor de cada zona, en la que se tienen distintas visiones para lograr un brebaje innovador y de calidad.
Algunas cervezas artesanales destacadas son:
- Alicanto Oro (eucalipto y miel)
- Carbón (granos de café)
- Cobre (maltas caramelos)
También se encuentran cervezas IPA de origen belga, cervezas Stout de Palo Santo y cervezas livianas de gran sabor y calidad traídas directamente desde Francia.
La Copa Cervezas de América es un concurso que reúne lo mejor del mundo cervecero del continente, con la participación de marcas nacionales e importadas.
Mapa topográfico de Honduras
Tabla de Marcas de Cerveza Hondureñas Populares
| Marca | Tipo de Cerveza | Características |
|---|---|---|
| Salva Vida | Lager | Cerveza lager hondureña más popular, sabor refrescante. |
| Imperial | Lager | Otra lager popular, conocida por su sabor suave. |
| Barena | Lager | Una opción más económica, pero aún popular entre los locales. |
| Cervecería del Centro (Artesanales) | Variedad | Cervezas artesanales con sabores únicos y experimentales. |