Universo Canalla: Historia y Controversias de un Apelativo

Hay artistas cuya obra se reconoce antes que su firma. En el caso de Luis Scafati (Mendoza, 1947), basta con una línea torcida, una figura alargada o una sombra malhumorada para entrar en un universo donde conviven la ternura y lo grotesco, el humor y la angustia, el arte popular y la literatura más exigente.

Su nombre es Cristián Araya, pero en el mercado lo conocen como «Canalla». Nadie sabe a ciencia cierta dónde, cómo y cuándo se originó su sobrenombre de «Canalla», pero el consenso en el mercado parece ser unánime: es un muy merecido apelativo. Una ex colega de BanChile comenta que a él no le molestaba, «lo veía como un honor más que como un insulto», explica.

Araya (40) es producto de la meritocracia. Estudió en la Universidad de Las Américas y durante el año 2006 obtuvo un MBA en el Kellog School of Management de Northwestern. Su meteórica carrera está plagada de controversias, pero siempre ha podido salir airoso.

En el mercado se sabía hace años que operaba para Ponce, pero los detalles eran confusos y se habían convertido en un mito urbano. Como parte de esa investigación, Díaz le tomó declaraciones a Ponce y a Aldo Motta, gerente general de la ‘cascada’ Norte Grande. De acuerdo a La Segunda, Motta relató que el 28 de marzo de 2011 recibió una llamada de un ejecutivo de Banchile diciéndole que había un interesado en comprar acciones de SQM.

«Se me ocurrió comprarlas, pero no a través de Pampa Calichera ni Global Mining porque el efecto que buscábamos se anularía. «Ese mismo 28 de marzo conversé una vez más con el ejecutivo de Banchile y le señalé que Oro Blanco estaría interesado en comprarle las acciones a su cliente, a través de la bolsa y en condiciones de mercado.

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Cabe mencionar que Linzor Total Return Fund era parte de la gestora de fondos asociado con Linzor Capital, que manejaban Canio Corbo, sobrino de Vittorio, ex presidente del Banco Central; Tomás Hurtado, parte del clan que controla Entel; y Nicolás Larraín, hijo del Presidente de Renovación Nacional. El rol que tuvieron en la operación de Araya y Ponce fue un factor en la separación.

Araya tuvo uno de sus primeros roces con los reguladores por su rol en el caso de las acciones de Volcán, por el cual BanChile terminó siendo sancionado por la SVS. Otro incidente que lo marcó en el mercado fue la salida de Francisco Armanet como gerente general de BanChile Inversiones en 2008.

Armanet había decidido despedir a Araya porque había sobrepasado el límite establecido para las operaciones de cartera propia. El banco perdió plata y Armanet le pidió la renuncia. Araya apeló al directorio y este decidió quitar el piso a Aramanet, quien terminó renunciando. Fuentes al interior de BanChile, dicen que luego del incidente su poder creció a pasos agigantados y también su prepotencia. «Comenzó a comportarse como un tirano y a elegir favoritos en la mesa».

Con respecto a las operaciones de las sociedades cascadas, cuentan que Araya las manejaba personalmente y con recelo. Otro incidente, por el cual es famoso en el mercado -y que le agrega justificación a su sobrenombre- oucrrió con un joven reportero del Diario Financiero.

El periodista había escrito una nota sobre las llamadas «operaciones simultáneas», que se utilizan en el mercado para financiar la compra de acciones sin tener los recursos (en el momento en que se debe cancelar la compra, el cliente puede realizar una venta de las acciones adquiridas a otro corredor con un pacto de recompra a un determinado plazo, que puede variar entre 3 y 180 días corridos, difiriendo así el plazo de pago de la factura original). De acuerdo a la historia, la nota del periodista tenía errores. Araya lo llamó y cordialmente lo invitó para que viniera a su oficina para conversar y así explicarle cómo había sido la operación.

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Experto en infamias, estafador y petimetre, ladrón, colaboracionista con los nazis, alcohólico y delator, traficante, seductor de hombres y mujeres, el nombre de Maurice Sachs (1906-1945) aglutina toda una variedad de adjetivos descalificativos, crímenes y pecados. Durante su breve vida frecuentó los ambientes delictivos así como los culturales del París de entreguerras y trató a algunas de sus figuras más llamativas, desde André Gide a Coco Chanel. A casi todos sus amigos, célebres o no, los timó, robó, o traicionó. El inventario de sus ruindades se conoce fundamentalmente por sus memorias póstumas, reunidas en El sabbat (1946) y La cacería (1949), disponibles ahora en español. Muchos escribieron sobre sus bajezas, pero nadie escribió cosas peores que él mismo.

"Me considero un mal ejemplo del que se pueden sacar buenos consejos", escribe en El sabbat, sus memorias desde la infancia hasta antes de la Segunda Guerra. De familia judía no practicante, fue abandonado por su padre y su madre lo dejó al cuidado de la abuela. "Hijo maldito de la hija maldita de la rama maldita de una familia sobre la que pesaba la doble maldición del divorcio y de la ruina, estaba sediento de nuevas maldiciones", dice. Su abuela se casó con el disoluto hijo del músico Georges Bizet, Jacques, quien se suicidará consumido por los vicios no sin antes dejarle una lección a Sachs niño: le puso una pistola en el paladar y le dijo que esa era la forma de dejar la vida cuando estuviera hastiado de ella.

En 1923, muy joven, Sachs rescata a su madre de la bancarrota marchando con ella a Londres por dos años. Cuando vuelve a Francia se mueve en los ambientes literarios y la bohemia intelectual de París, en salones y cabarets. Es la euforia de la (primera) posguerra. Conoce al matrimonio de Jacques y Raïssa Maritain y bajo su influjo se convierte al catolicismo; incluso entra al seminario, del que fue expulsado por un escándalo homosexual. Traba amistad con Max Jacob y conoce a Gide. Una figura destaca: Jean Cocteau, al que tuvo en un altar de admiración que devino en rencor; lo retrata encantador pero frío ("ardía, pero como arde el hielo, sin calor"), "espantoso ilusionista" que robaba el corazón y sólo devolvía un conejo.

Buscó ingresos en múltiples labores, desde editor a dramaturgo. Su mayor dedicación fue a las obras de arte: su crítica, comercio y, a veces, su robo; ampliará el giro a la estafa y el proxenetismo. Ya con problemas de alcohol (sus primeras borracheras fueron a los 14 años), también se adentra en el hampa homoerótica y los burdeles.

En 1929 viaja a Nueva York. Además de continuar con su labor de venta y reventa de obras de arte y algunos hurtos, se transforma en conferenciante sobre temas de los que lo ignoraba todo. En EEUU se enamoró de varias mujeres, incluso se casó con una, para lo cual se convirtió al protestantismo. Pronto la abandona y regresa a París con un joven.

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Consigue a través de Gide trabajar en la Nouvelle Revue Française (NRF), y dirige las colecciones populares. Pero como debía cubrir las necesidades de dos, entró de nuevo en un abismo de miserias, angustias, desórdenes y degradación. Vive en el campo y en París, en hoteles sucios y casas que no paga. Es abandonado por su amante y un síncope alcohólico lo llevó casi a la muerte. En este punto, más menos, concluye El sabbat, hacia 1939, poco antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

En su segundo libro de memorias, La cacería, el ambiente es la Francia desmoronada y el turbio París de la Ocupación. Hacia 1940 trabajaba en la Radio Mondial, antifascista, por lo que marcha a Burdeos. Pero regresó a París, en junio de 1940, cuando muchos empiezan a abandonar la ciudad: "No se me ocultaba que asistíamos a mucho más que a la derrota francesa: a la agonía del mundo mediterráneo en beneficio de un universo atlántico y nórdico". Sin embargo, por la sensación de un final o quizá porque no había tal, París mantiene un lujoso estilo de vida. "El mercado negro prosperaba. Cabarets, restaurantes, teatros, todo estaba lleno", dice Sachs. Como existe, además, un gran interés por el oro y los diamantes, se dedica al tráfico de joyas y antigüedades, pero pronto pasa a la delación, falsificación, prostitución y drogas.

Hacia 1941-42, hay dos mujeres importantes: Prune Magagna y Violette Leduc, más tarde escritora célebre. Con cada una adopta a un niño judío, a ambos los abandonará. En La cacería no menciona por su nombre a ninguna (Leduc ni siquiera aparece), falsea datos y oculta otros. En 1942 Sachs se enroló como trabajador voluntario y marchó a Hamburgo, en Alemania, donde ve los bombardeos y se entrega a la autodestrucción. Es arrestado en 1943.

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"Santiago Canalla": Un Libro de Relatos Noir

SANTIAGO CANALLA es un libro de relatos que nació de una iniciativa internacional para sacar la versión chilena, santiaguina, de una serie dedicada a cuentos noir en ciudades. Aquello estableció limitaciones: número de cuentos a incluir, temáticas espaciales (barrios), cuestiones etarias y de género, extensión. Cuentos inéditos por añadidura. A partir de eso se me ocurrió invitar a un grupo de escritores con los cuales habíamos compartido juntas y libaciones, para darle a la sin hueso acerca de nuestras inquietudes por el género negro.

Sacamos una primera compilación en 2015, 10 cuentos, con Editorial Nuevo Milenio. De manera que la génesis fue esa: un grupo de amigos y amigas. Repitiendo la frase hecha: quizá no están todos/as los que son escritores del policial/noir en Chile, pero todos los que están en el libro, sí lo son. Autores/as con libros publicados, con pasión por el género, lectores aperrados casi todos/as, conocedores de sus reglas y enfoques. Buenos escritores, no necesariamente reconocidos como merecen pero que se mantienen en su afán.

Unas breves palabras sobre los cuentos del libro. Me los conozco casi de memoria y doy fe que los autores/as hicieron continuos esfuerzos para darles una forma perfecta. Gabriela Aguilera. Su cuento “La Arlequina” es un excelente inicio del libro. Por cortesía del azar aclaro, el orden es alfabético. Nos traslada al Santiago de las luchas por la independencia y las clases sociales antagónicas en la transición de la Colonia a la República. Un lujo de escritura.

Ricardo Chamorro. “La última muerte”. Chamorro no es un narrador de ficción propiamente tal, digamos cuentista o novelista, sino un cronista noir. Destaco su libro sobre la calle San Diego, que me encantó, un referente, ilustrado con fotos del autor. El cuento que hemos incluido en el libro es de su juventud, como me aseguró. Sorpresivo, envolvente, pulcramente escrito.

Juan Ignacio Colil. “Cosas que no creerías” nos lleva al barrio Plaza Bogotá, una de las más bellas de Santiago. La suya es ua historia que mezcla tráfico de órganos y práctica de la literatura. El texto esconde contexto, sub-texto y pre-texto, ya lo leerán.

Ramón Díaz Eterovic. “El hombre al que Sarita amaba”. Nuestro súper héroe del policíaco/noir criollo. De porte internacional. Un clásico. No puede sino contribuir con un cuento impecable en su escritura, su desarrollo, su desenlace. Como siempre sus personajes son memorables así como las locaciones en el antiguo Matadero y San Diego, barrios paradigmáticos de Santiago que sobreviven apenas.

Eduardo Contreras. “Antes del anochecer”. Mi amigo y colega ingeniero se manda un cuento que no desmerece de sus premiadas novelas. Un cuento de carga neopolicial latinoamericano, comprometido, acusador, vengador. No exento de un humor agridulce y patético, con esos ex resistentes de la dictadura tramando un despelotado ajuste de cuentas por allá por el Cajón del Maipo. Escrito con cacumen además, unos diálogos en una casa del barrio Bellavista que le dan a uno donde más duele.

Poli Délano. “Se lo digo de verdad”. Nos dejó de legado este cuento precioso, nunca antes publicado, una muestra de su virtuoso manejo de la narrativa, que en su apretado desarrollo cuenta mucho más que lo que se lee. El texto de alguien que se fue con una broma siempre en los labios.

Gonzalo Hernández. “Mi Yale”. Hace rato que Gonzalo es mucho más que un joven narrador noir. Es un explorador de los bajos fondos, de los barrios feos y la gente mala. Este cuento suyo se halla entre sus textos más logrados. Trata a su modo los temas de la migración y los deseos, el fetichismo y las máquinas. Una joya que no vacilo en recomendar.

Galo Ghigliotto. “Rara”. Me gusta decir aunque puede sonar fuera de lugar: cuento de poeta. Riguroso en elegir cada palabra. Pienso en Rilke, en Dylan Thomas… Galo rompe las convenciones narrativas del género para contar con sonido y furia una historia que rezuma horror.

Sonia González. “Lo que se respira”. Sabemos del alto calibre cuentístico de Socia, de su estilo, de su misteriosa atmósfera narrativa, como en este cuento que no señala calles ni barrios, pero es un Santiago fantasmal, que esconde todo el miedo interior, no el municipal; un Santiago más trastornado que pintoresco.

Julia Guzmán. “Anatomía adversa”. Bueno, Julia ya había mostrado en una notable novela su predilección por el tortuoso mundo de los canallas de colleras, ambo de marca y corbata, donde nos presentó a un detective/librero entrañable, que se entusiasma, elucubra y se aburre, el cual reaparece en este cuento hondamente feminista, extraño y surreal.

Toño Freire. “Alba Rosa Rojas” ¡Oh, no! ¡Rakatán ataca de nuevo! Y de qué manera. Bello y policromático título para un cuento que involucra a un grupo de hermanas que ejercen aquel viejo y vigente oficio en calles míticas de otra época: Ricantén y San Camilo.

José Gai. “Justiciero”. Don Pepe Gai es un maestro en dos géneros mayores: la narrativa policial/noir y el cómic. Es por eso que en este cuento se prodiga no solo en narrar los hechos sino en ilustrar/dibujar algunos momentos del relato. Ver el libro para creer. Sin embargo, hay algo destacable: su temática: la demolición de los barrios tradicionales para construir torres lucrativas.

Helios Murialdo. “Cable a Tierra” es de una sobriedad y precisión que hace honor a la mente científica de Helios y contradice algo su exuberancia cuando se sumerge en la producción novelística. Los computadores no son inocuos ni neutrales, pueden llegar a ser asesinos y no estamos hablando de ciencia-ficción. No digo más para que no se pierdan este magnífico cuento, otro punto alto del libro (y son hartos).

Antonio Rojas Gómez. “Hijo mío”. Eduardo Soto Díaz. “Un asesinato postergado” se inscribe dentro de la más reputada ortodoxia del noir. El suyo es un cuento siniestro, amargado, oscuro. Los personajes espetan palabras como quien mete bala o asesta un navajazo.

Bartolomé Leal. Finalmente, no me refiero a mi cuento “Ángel exterminador”, que ronda por los barrios residenciales, por Batuco, por Colina. Que otros hagan el elogio o lo demuelan, solo deseo señalar que cualquiera que encuentre algún parecido con la realidad lo hace de mala leche.

Tercera entrega de la serie “Calaveras redimidos”, iniciada con “Érase una vez un soldado” y seguida por “Érase una vez un rebelde”. Una maravillosa y emotiva prosa, con una trama llena de detalles históricos y personajes inolvidables.

De la autora superventas del New York Times, llega una nueva serie con personajes carismáticos y una historia apasionante. Descendiente de una exitosa dinastía naval, Gabriel Hawkins nació para surcar los mares. hasta que fue expulsado de la Marina Real y rechazado por su familia. Como capitán de su propio barco, Gabriel se gana la vida con actividades tanto legales como ilegales, y su experiencia le convierte en la mejor opción cuando se trata de rescatar a una bella aristócrata que ha sido capturada por piratas.

Tras haber evitado las trampas del convencionalismo y el matrimonio, a lady Aurora Lawrence le horroriza la perspectiva de pasar su vida como esclava de un harén. Su única esperanza de escapar reside en un capitán tranquilo y con temperamento de acero que haría cualquier cosa por liberarla. Juntos emprenden una peligrosa misión en aguas turbulentas, pero se encuentran con otro tipo de peligro cuando la atracción se apodera de ellos en los estrechos confines de la nave.

Vista aérea de Santiago

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