Testimonios de Sobriedad: Vidas Transformadas por la Ausencia de Alcohol

El alcohol puede tener un impacto devastador en las vidas de las personas y sus familias. A continuación, exploraremos testimonios de personas que nunca han consumido alcohol y cómo esta decisión ha influido en sus vidas, así como relatos de aquellos que han luchado contra la adicción y encontrado la sobriedad.

Mujer reflexionando sobre su vida

Infancia y Alcohol: Un Legado Doloroso

Para algunos, la decisión de no beber alcohol está arraigada en experiencias familiares traumáticas. El alcohol puede destruir relaciones y dejar cicatrices emocionales profundas. Un testimonio anónimo relata:

Su madre siempre estuvo ahí, pero nunca pudo contar con ella. El alcohol destruyó la relación que Ella tenía con su progenitora, una amarga experiencia que la llevó a bloquear todos los recuerdos de su niñez.

Esta experiencia demuestra cómo el alcoholismo de un miembro de la familia puede afectar profundamente a los demás, dejando una marca imborrable en su desarrollo y bienestar emocional.

El Impacto del Alcoholismo: Testimonios de Recuperación

Alcohólicos Anónimos (AA) es una comunidad global que ofrece apoyo a personas que luchan contra la adicción al alcohol. A través de reuniones y programas de 12 pasos, los miembros comparten sus experiencias y se ayudan mutuamente a mantenerse sobrios.

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Logo de Alcohólicos Anónimos

Según sus estimaciones, cerca del 10% de los bebedores llegan a presentar esta enfermedad y esto se evidencia en cómo la bebida afecta a las personas. “Cambia su manera de ser, sentirse culpable o avergonzado luego de una borrachera, miedo producto de su conducta, sentir un deseo incontrolable de seguir bebiendo y en general el beber le causa dificultades en su vida”, señalan.

A.A. también explica que no todos los alcohólicos llegan a situaciones límites para descubrir que padecen de esta enfermedad, pero hay un factor común en todos los que nos dan su testimonio: Reconocen que no han podido salir solos del alcohol, el alcohol ha afectado a su vida y entorno, han declarado que están enfermos y finalmente, decidieron libremente que es tiempo de dar vuelta la página.

Hoy A.A. está formada por miles de comunidades en más de 160 países, constituidas por personas que han descubierto que no pueden controlar su problema con el alcohol, que relatan su lucha y se apoyan en una tarea: alejarse de la copa un día a la vez.

"El cuerpo no me respondió"

José P., de 48 años, conoció la bebida a los diez años. Dificultades emocionales derivaron en que el alcohol y las drogas comenzaron a ser un problema. Un problema que él no reconocía pero sí quienes lo rodeaban y que uno a uno se fueron alejando.

Si bien logró dejar las drogas tras ser internado, José cambió las sustancias ilícitas por el alcohol, hasta llegar al punto que se levantaba y acostaba consumiendo distintos tipos de bebida, “terminé tomando solo en mi pieza y “honestamente y como vivo solo, sacaba mis cosas para vender”.

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La situación límite vino hace un año y siete meses atrás. “Desperté como a las seis y media de la mañana y no me pude levantar de la cama, de lo tiritón que estaba. Me acuerdo que intenté levantarme y no podía controlar los pies, los brazos, las manos. Yo vivo lejos y siempre me demoro 30 minutos desde mi casa al centro de La Serena, ese día me demoré dos horas porque no podía caminar. Fui al hospital y me dijeron que no podían colocarme ni inyecciones ni medicamentos por el alcohol que tenía en el cuerpo”.

“Salí, fui a comprar una cerveza para recuperarme y no pude, el cuerpo no me respondió. Ese mismo día me encontré con una persona en la calle que me invito a volver a la comunidad y no fui. Me fui a la casa, estuve con delirium tremens y paranoia. Volví a los tres días”.

José cuenta que decidió volver porque necesitaba dejar de beber. “Tratar de calmar mis tiritones porque eran insoportables y los monstruos que tenía. Con el tiempo empecé a adaptarme a los compañeros que me dieron mucho cariño, que necesitaba porque estaba solo”.

“En este período muchas veces he tenido ganas de consumir, pero es como magia. Una vez entré a un restaurant y justo me llamaron de la comunidad, fue como si me estuvieran vigilando pero fue una coincidencia. Me ha mantenido sobrio”.

"Todavía soy una persona que sirvo"

Víctor de 52 años comenzó a beber a los 14 años cuando conoció el dinero. “Soy hijo de padre alcohólico que murió debajo de un camión producto del alcohol, como nos quedamos solos empezamos a trabajar y juntarnos con gente que se relacionaba mucho con la bebida, ahí empezó mi carrera alcohólica”.

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Víctor dice que a los 21 años empezó a conducir locomoción colectiva. Relata que en ese tiempo los controles sobre el uso de drogas no eran tan rigurosos, por lo que condujo bajo los efectos del alcohol y tuvo accidentes menores. Pero el alcohol le pasó la cuenta y derivó en problemas visuales, sin poder renovar la licencia.

“De ahí me tuve que dedicar a otra actividad por ejemplo arreglando el sistema de frenos de los vehículos, con otro compañero que también se murió por demasiado alcohol y ahí me di cuenta”. Luego vino un accidente vascular y un vecino lo invitó a sumarse a la comunidad. Hoy admite que es alcohólico y siempre lo va a ser, pero que tiene una visión distinta de sí mismo.

“La base de nosotros es informar a la gente que está enfermo de esto porque uno ha pasado por muchas cosas malas y porque ahora que está desintoxicándose uno mira las cosas de otra manera. Ahora, gracias al programa pienso que todavía soy una persona que sirvo”, dice.

Una copa a la vez

El primer contacto de Alejandra con el alcohol comenzó a los 15 años, crisis emocionales derivaron en contacto frecuente con la bebida a eso de los 22 y 23 años, “sin saber que podía desatar un alcoholismo”, dice.

“A mí me gustaba el efecto que me provocaba el contacto con el alcohol, la pasa muy bien pero ese efecto agradable se convirtió en problema”, cuenta. Despertaba con lagunas mentales, se enfrentaba a la realidad y al resto desenfocada, “con caña, tratando de ordenar mi cabeza, mi mente estaba en otro lado. Ahí empecé y me di cuenta que tenía problemas con el alcohol”.

Esto la llevó a intentar parar, “me dije yo paro cuando quiero y resulta que tuve una lucha que se extendió durante un año, exacto. Fue un año de harto sufrimiento. No podía, no lo lograba”, dice.

Fue entonces a ver un psiquiatra. Contrario a lo que creía, no le dio medicamentos y le sugirió que asistiera a un grupo de Alcohólicos Anónimos. “Me resistí un poco sin conocerlo, luego ingresé y me di cuenta que allí estaba la solución”.

Alejandra dice que ahí aprendió que el alcoholismo era una enfermedad, “progresiva, que es para toda la vida, empecé a querer saber qué era el alcoholismo de qué se trataba y me di cuenta que sólo con ayuda de ellos, que sufrían lo mismo, podía detenerme”.

Cuenta que empezó con un plan de trabajo de 24 horas y el programa de 12 pasos. Las 24 horas consiste en dejar de beber un día a la vez. De eso hace 4 años, 4 años sin beber.

Señala que el proceso ha sido lento, que contó con mucho apoyo familiar. Hoy asiste una vez a la semana a las reuniones pero su vida cambió en un 100%, especialmente sus relaciones personales.

“El problema es mío no del resto y cuando asumí que soy yo la que no puedo beber mi primera copa, me tuve que alejar de mis amistades que celebrábamos cumpleaños y terminábamos todos iguales, pero lo que uno sufre y la lucha la lleva uno”, dice. Hoy su vida está enfocada en sus reuniones y otro tipo de compromisos.

Asumir que uno no tiene el control

Llegar a A.A. para Jorge fue un largo proceso. En sus 52 años, el proceso incluyó internación en clínicas, uso de pellets y resistencia a integrarse a un programa que creía que estaba orientado a borrachos.

Su problema con el alcohol comenzó a los 14 años, “y creo que soy de estos alcohólicos que venía fallado. La primera vez que consumí en exceso, perdí el conocimiento de inmediato y desde ahí en adelante consumí durante 30 años, hasta los 44 años en forma, como en Chile se denomina, normal, los fines de semana”.

“Hice mi vida en el fondo. Trabajé, estudié, tuve hijos pero el alcohol siempre estuvo presente a través de mi vida y yo diría que siempre con problemas. Está muy normalizado en nuestra comunidad el comportamiento alcohólico con problemas: que faltas a la pega, que quedas enfermo, como que la gente tolera eso”, explica.

Jorge cuenta que a menudo paraba. “Lo importante del alcoholismo es qué me sucede cuando yo consumo. En ocasiones, cuando tenía muchos problemas, paraba un mes, dos meses, tres meses, y después recaía y cada vez era peor”.

Cerca de los 35 años empezaron los problemas laborales. “Uno miente, empiezan las licencias médicas por depresión, buscas recursos. Yo me pasé diez años intentando parar de beber, asistí a clínicas siquiátricas, estuve internado como tres veces. Me puse pellets en las tres ocasiones. Yo podía parar con un pellet puesto durante un año y efectivamente, dejaba de beber y mi vida se arreglaba. Mi entorno y mi familia estaban tranquilos, pero volvía, después del año y empezaba todo de nuevo”.

A los 44 años llegó a A.A. cansado, “y sin mucha plata. Los tratamiento son caros, las clínicas son caras y como última esperanza llamé a Alcohólicos Anónimos”.

Antes ya había ido en Santiago, “pero como tenía la impresión, la misma impresión que tiene la mayoría de la gente todavía, que Alcohólicos Anónimos es una organización donde están los curahuillas y poco menos que tomando, mi ego me decía que ese no era un lugar para mí, que yo era superior, que me iba a juntar con los cartoneros, ¡No! Fui al grupo y la verdad es que ni fui capaz de hablar. Me di media vuelta y me fui. Eso me costó siete u ocho años de sobriedad. Si hubiese tenido la humildad de quedarme hubiera recibido el mensaje, pero no lo recibí”.

“Cuando volví después- relata- me enteré de muchas cosas que no sabía. Que yo no bebía por ser inmoral o vicioso, que es una enfermedad que se compone de una parte mental y de una parte física. Consiste en que si yo tomo una copa mi cuerpo reacciona y tarde o temprano mi cuerpo va a pedir más y más, hasta quedar desmayado”, dice.

Explica que desde que ingresó desapareció su obsesión por el alcohol, se dedicó a sus reuniones y la Programa de los Doce Pasos.

“El programa de los Doce Pasos tiene que ver, primero, con la aceptación de la enfermedad y también con el conocimiento o aceptación de un poder superior a mí y a la botella, porque cuando llegamos, llegamos sometidos al alcohol”.

Pero también considera el conocerse a sí mismo, enfrentar los resentimientos y miedos; “y la otra parte, con hacer reparaciones que he hecho, con conectarme con la sociedad y entregar el mensaje”, señala.

Las reuniones se realizan todos los lunes, miércoles y viernes a las 19:30 en la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes en La Serena. Jorge explica que lo ideal es llegar un poco antes para que se les explique en qué consiste, que sepan que será anónima.

“Eso es importante porque uno llega muy avergonzado por ser alcohólico. Cuando uno la trata con personas que sufren de la misma enfermedad, que de alguna manera la tienen controlada es un alivio tremendo, yo me sentí inmediatamente identificado y nunca más me sentí solo respecto al alcoholismo”, dice.

Finalmente, Jorge señala que para ingresar al programa sólo se requiere “cierto valor o cierta desesperación o cierto fondo. Por eso, es que el único requisito es querer dejar de beber. Si una persona no quiere dejar de beber, es poco probable que inicie este camino. La gente quiere pensar en milagros, que tomar una pastilla, pero no.

"La mitad de mi vida, más de 30 años". "Yo me inicié (bebiendo) en mi hogar, con mi pareja, los dos por igual: socialmente, los viernes, los festivos, después (consumía) en la semana, después vamos aumentando el consumo.

"Esto provocó, por ejemplo, que yo perdiera las riendas de mi casa, que mi hija asumiera poco menos que el rol de mi mamá, entonces los pobres (hijos) sufren mucho, porque su mamá está, pero no está en condiciones.

"Ha sido mucho el daño que he causado.

"Gracias a Dios ninguno de los dos tiene problemas con el alcohol, pero para mí es una preocupación, porque yo desarrollé la enfermedad como a los 30 y tantos años y ellos están más o menos en esa edad.

"En primer lugar, aceptar que estoy enferma, que necesito ayuda; después viene el paso de dejar de beber, que cuesta mucho, cuesta muchísimo, porque el organismo ya está acostumbrado y la mente juega muy malas pasadas.

"Me costó mucho pedir ayuda, pero llegó un momento en que pensé: '¿Qué estoy haciendo con mi vida?', me metí a internet, busqué terapias para mujer alcohólicas en San Bernardo y encontré a Orion, que es una entidad maravillosa, donde hay un equipo que la contiene a uno desde que le abren la puerta. En este momento estoy con medicamentos para el trastorno del sueño, porque yo bebía en las noches.

CÓMO AFECTA EL ALCOHOL A NUESTRO CEREBRO

El Testimonio del Taxista y el Conserje: Una Perspectiva Externa

En un caso judicial, los testimonios de testigos pueden ser cruciales para determinar los hechos. En un incidente que involucró a un ex subsecretario y una denunciante, el testimonio de un taxista y un conserje ofrecieron una perspectiva externa sobre el estado de la funcionaria:

  • El testimonio del taxista: “En esa conversación, la chica idolatra a su jefe, decía que nadie lo podía tocar y lo defendía. Según el testimonio que transmitió Tele13 Radio, “ella se notaba como si hubiera estado drogada. Y que en algún momento del camino, ella comenzó a meterse los dedos a la boca con la clara intención de vomitar. Por lo que el taxista paró el auto en pleno centro, a eso de las 11.45 de la noche. Ella comenzó a vomitar en el taxi, por lo cual paró y le dijo al sujeto con el que andaba que la limpiara. “Luego volvieron a subirse al auto hasta llegar al destino de una carrera que costó 3.500 pesos”. Se bajaron, se pusieron a conversar y el taxista siguió limpiando el auto. Relata que en ningún momento vio un forcejeo entre ellos. Monsalve le comenta que están medio confundidos y que tal vez no están en la dirección que él creyó que estaban, entonces que vaya a Vicuña Mackenna. El taxista describió a Monsalve “como un tipo muy tranquilo, que hablaba lo justo y necesario, y solo daba las indicaciones a dónde ir, y cuando conversó con ella sobre su jefe.
  • El testimonio del conserje: “A eso de la medianoche, no recuerdo la hora exacta, llegó una pareja. “Esa noche (Monsalve) vestía con colores neutros, pantalón negro y con una camisa clara, chaqueta oscura. Ella era una mujer joven. “Cuando venían caminando por el pasillo para ingresar al ascensor secundario que no es el principal del hotel, ella se veía muy mal, muy curada, inestable al caminar, se tambaleaba. Él la tomaba de la cintura y del brazo para sostenerla. Cuando pasaron, él hizo un gesto con la mirada como saludándonos. Cuando eso ocurrió, mi compañero me mira como diciéndome ‘qué vergüenza cómo viene’. “Respecto al caballero, venía también bebido, pero mucho más consciente que ella, se veía más firme al caminar, porque él la ayudaba a ella”, dijo.

Estos testimonios sugieren que la funcionaria se encontraba en un estado de ebriedad significativo, mientras que el ex subsecretario parecía tener un mayor control de la situación.

La Declaración de la Denunciante

La declaración de la denunciante en este caso ofrece una perspectiva personal sobre los eventos que ocurrieron:

“El día domingo él envió un Uber a mi domicilio, en el cual él iba dentro, vestido todo de negro, con gafas y un gorro. Esto aproximadamente a las 18.00 horas. Y ahí empezó la pesadilla para mí. “No recuerdo cómo salí del lugar. No recuerdo absolutamente nada. Nunca en mi vida me había pasado algo así. El primer recuerdo que tengo en la mañana es que todavía estaba oscuro y no sabía la hora. “Posterior a eso desperté consciente, no sé bien la hora. Mi celular estaba apagado porque no tenía batería y me di cuenta que estaba sin ropa. Estaba solo con un chaleco que era sin mangas. Miré el lugar y nunca había visto ese lugar, no sabía reconocerlo.

Este testimonio revela la vulnerabilidad y la confusión que puede experimentar una persona bajo los efectos del alcohol, así como la posible pérdida de memoria asociada con el consumo excesivo.

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