El consumo de alcohol, incluso en pequeñas cantidades, puede ser extremadamente peligroso para los gatos. A diferencia de los humanos, los gatos tienen un metabolismo diferente y son mucho más sensibles a los efectos tóxicos del alcohol.
Efectos del alcohol en gatos
Si un gato ingiere alcohol, puede experimentar una serie de efectos adversos, incluyendo:
- Descoordinación: El alcohol afecta el sistema nervioso central, lo que puede llevar a la pérdida de coordinación y dificultad para moverse.
- Vómitos: El alcohol puede irritar el estómago y provocar vómitos.
- Depresión respiratoria: En casos graves, el alcohol puede deprimir la respiración, lo que puede ser fatal.
- Daño hepático y cerebral: El alcohol es tóxico para el hígado y el cerebro de los gatos.
- Coma y muerte: En dosis altas, el alcohol puede causar coma y, en última instancia, la muerte.
Es crucial mantener cualquier bebida alcohólica fuera del alcance de los gatos y buscar atención veterinaria inmediata si sospechas que tu gato ha consumido alcohol.
El alcoholismo y la microbiota intestinal: Una conexión inesperada
Si bien existe una serie de factores sociales que fomentan el consumo problemático, un grupo de científicos chilenos descubrió esta conexión entre la microbiota y la tendencia a ingerir altas cantidades de bebida. Un reciente artículo publicado en la revista Journal of Extracellular Vesicles plantea nuevas posibilidades para el desarrollo de terapias contra el consumo excesivo de alcohol y sobre la importancia de mantener una microbiota intestinal saludable con el fin de prevenir diversas enfermedades.
El estudio, realizada por científicos de la U. del Desarrollo, U. de los Andes y la U. de Chile, logró identificar de qué manera la microbiota intestinal modela y regula el consumo de alcohol. “Si bien, la evidencia preclínica y clínica atribuye causalidad entre una microbiota intestinal desbalanceada y la ingesta problemática de alcohol, no se sabía cómo los microorganismos se comunicaban con el cerebro para promover el consumo”, explica Macarena Díaz, alumna del Doctorado en Ciencias e Innovación en Medicina de la Universidad del Desarrollo y autora principal de este artículo.
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Para poder determinarlo, centraron su investigación en el rol que tienen las vesículas extracelulares bacterianas, derivadas de la microbiota, en la modulación de la conducta adictiva. “Las vesículas extracelulares bacterianas son diminutas partículas liberadas de manera natural por las bacterias intestinales que transportan proteínas, lípidos y material genético capaces de modular la comunicación con el organismo hospedero”, explica Francisca Alcayaga Miranda, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes y una de las autoras del estudio.
El Dr. Yedy Israel, de la Universidad de Chile y otro de los autores dice que esta investigación indica que pequeños fragmentos de las bacterias que viven en nuestro intestino pueden transmitir información a otros órganos, incluyendo las células del nervio vago que comunican al intestino con el cerebro. “En estos estudios, esos fragmentos obtenidos de bacterias presentes en animales de una cepa de ratas bebedoras de alcohol generan una gran preferencia a beber alcohol al ser administrados a animales prácticamente abstemios.
“Nuestra motivación, entonces, fue determinar si estas vesículas, estos pequeños ‘paquetes’ cuya principal función es la transmisión de información dentro de nuestro cuerpo, participan en la comunicación entre los microorganismos del intestino y el cerebro, promoviendo así el impulso al consumo elevado de alcohol”, señala Macarena Díaz.
En cuanto a la investigación, ésta se realizó utilizando un modelo animal de ratas alcohólicas de las cuales se tomaron muestras de microbiota. “Desarrollamos un riguroso proceso de aislamiento y caracterización de las vesículas extracelulares bacterianas (bEVs) purificadas que nos permitió obtener a partir de muestras fecales de ratas con alta preferencia al alcohol. Al administrarlas a ratas que naturalmente rechazan el alcohol observamos que comenzaban a consumirlo voluntariamente, lo que sugiere que estas vesículas son capaces de transferir un comportamiento complejo, como la preferencia por el alcohol”, detalla la investigadora de la U. Andes.
Al ver que las ratas sanas que recibieron estas vesículas comenzaron a consumir grandes cantidades de alcohol, y en tiempos similares a los de una rata alcohólica, se refuerza la idea de que el alcoholismo es una enfermedad transmisible, sugiere la investigadora.
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Además, los investigadores demostraron que el nervio vago, el más largo del cuerpo y encargado de comunicar bidireccionalmente el cerebro con los órganos internos, media el aumento del consumo de alcohol inducido por las bEVs. Esto lo vieron, ya que “al cortarlo, vimos cómo el efecto provocado por las vesículas se perdía totalmente, es decir, se eliminó por completo la conducta de consumo”, cuenta la investigadora doctoral.
“Estos hallazgos posicionan a las vesículas extracelulares bacterianas como nuevos actores relevantes en la biología de las adicciones”, concluye Francisca Alcayaga-Miranda.
Hallazgos prometedores para tratar la adicción al alcohol
Para los investigadores, este estudio representa un avance importante en la comprensión de los mecanismos biológicos que influyen en la conducta de consumo de alcohol. “Si bien tradicionalmente se ha asociado el desarrollo de las adicciones con factores genéticos, psicológicos y sociales, nuestros resultados sugieren que el conjunto de microorganismos que habita en el intestino también puede desempeñar un rol activo en esta conducta”, señala Alcayaga-Miranda.
Para Fernando Ezquer, subdirector del Centro de Medicina Regenerativa de la UDD y líder del equipo de investigación de adicciones, la importancia de este estudio es atiende que actualmente no existe ni cura ni tratamiento efectivo para el alcoholismo. “Sin embargo, con estos antecedentes, se puede proponer el fortalecimiento de las terapias actuales complementándolas con intervenciones que apunten a modificar la microbiota intestinal”, reflexiona.
Además, se puede levantar una alerta respecto a la importancia del cuidado de la microbiota. “Por ejemplo, tener un estilo de vida que genere un desbalance en nuestra microbiota puede generar una composición de ésta que predisponga al desarrollo de patologías como el alcoholismo. Es una buena noticia, pues mediante intervenciones de bajo costo, como llevar una dieta balanceada y tener hábitos de vida saludable en general, podemos protegernos o combatir este tipo de enfermedades”, agrega Ezquer.
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Sobre los siguientes pasos de esta investigación y a la posibilidad de que estas vesículas extracelulares bacterianas de la microbiota estén involucradas en el consumo de otras sustancias, los investigadores son cautelosos. “El objetivo hoy es entender el efecto que las bEVs están teniendo a nivel del sistema nervioso central, ya que el consumo de alcohol viene comandado desde el cerebro, y avanzar en replicar el fenómeno descubierto en otros modelos, utilizando muestras de pacientes con alcoholismo”, detallan los investigadores.
A su vez, y aunque se trata de investigación preclínica, este conocimiento podría, en el futuro, contribuir al desarrollo de estrategias terapéuticas innovadoras que apunten al eje intestino-cerebro. “Por ahora, constituye una sólida base científica que refuerza la idea de que los productos derivados de la microbiota intestinal pueden tener efectos profundos y específicos sobre nuestro comportamiento”, finaliza Francisca Alcayaga-Miranda.
Estudios sobre el consumo de alcoholEl Centro de Medicina Regenerativa del Instituto de Ciencias e Innovación en Medicina (ICIM) de la UDD, en colaboración con otras universidades, ha liderado una serie de estudios sobre adicciones, centrándose específicamente en el consumo de alcohol debido a su alta prevalencia. Según el Observatorio Chileno de Drogas, el 32,2% de la población general en nuestro país tiene consumo problemático con el alcohol. Además, según explican los expertos, se trata de una patología que a la fecha no tiene tratamiento efectivo ni una cura definitiva, por lo que es fundamental encontrar nuevos blancos terapéuticos.
Diversos estudios poblacionales, como el realizado por Goodwin en 1984, reportan que los hijos de padres alcohólicos presentan un riesgo hasta cuatro veces mayor de desarrollar abuso de sustancias, incluso si son criados por cuidadores no adictos. Si se considera que la microbiota intestinal es heredable y, a la vez, causal del consumo problemático de alcohol.
“Es lógico pensar que la ingesta también es un factor heredable mediado por el traspaso de la microbiota”, cuenta Díaz. Agrega, además, que se han detectado vesículas extracelulares bacterianas en el líquido amniótico, por lo que la predisposición a un consumo elevado podría ser incluso desde la gestación. “De ahí la relevancia de nuestra investigación y las implicancias que tiene para la salud y a nivel social”, afirma.
Microbiota y alcohol
La genética y el riesgo de alcoholismo
¿Estoy en riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de alcohol? ¿Mi hijo lo está? Estas son preguntas que me hacen con frecuencia como director de uno de los centros de investigación de adicciones más grandes del país. Parte de la razón radica en nuestros genes. Nuestros códigos genéticos son una gran parte de lo que nos hace únicos a cada uno de nosotros. Lo entendemos cuando se trata de si tenemos ojos marrones o azules, cabello rizado o lacio, pero hay algo más misterioso cuando se trata de la manera en la que nuestros genes dan forma a nuestra personalidad y los resultados de nuestra vida.
En un nuevo artículo, mis coautores y yo mostramos que algunos genes influyen en los problemas con la bebida al afectar directamente el consumo de alcohol. Incluidos en este grupo están los genes que afectan la forma en que el cuerpo procesa y responde al alcohol. Si tienes genes que significan que necesitas más alcohol para experimentar los efectos, tienes un riesgo elevado. Si tienes genes que dificultan que tu cuerpo descomponga el alcohol, disminuye tu riesgo (porque cuando tu cuerpo no puede descomponer el etanol de manera eficiente, se siente enfermo).
Pero descubrimos que muchos más de los genes que influyen en los problemas con el alcohol funcionan de otra manera: afectan el autocontrol. Si alguien tiene más variantes genéticas que lo hacen más impulsivo o buscador de sensaciones, tiene un mayor riesgo de desarrollar problemas con el alcohol. Por eso no tiene sentido hablar de genes “para” los problemas con el alcohol. Esta es una gran noticia. Si estás pensando, “spera, ¿qué?” recuerda que el ADN no es el destino. Entonces, cuando comprendemos los rasgos intermedios que indican riesgo, podemos trabajar para frenar los problemas potenciales y canalizar esas disposiciones para bien. La toma de riesgos no es algo malo, per se.
En el futuro, podremos brindar comentarios sobre qué variantes genéticas de riesgo tiene una persona, para que pueda comprender mejor sus fortalezas y posibles dificultades y poner en marcha recursos para apoyarle en su camino hacia la salud y la felicidad.