El whisky, una bebida emblemática, ha trascendido fronteras, influyendo en la cultura, el turismo y hasta en la literatura y el cine. Inspirados por obras como Outlander, muchos sueñan con visitar Escocia, imaginando castillos imponentes y paisajes misteriosos. Nuestra colaboradora Francisca Tapia nos cuenta cómo se transforma el turismo en las highlands para las fanáticas de Jamie Fraser.
Tierras Altas de Escocia
Outlander y el renacimiento del turismo en Escocia
Era evidente que el turismo en el país más septentrional del Reino Unido había crecido con la atención obtenida por la historia de Claire y Jamie adaptada a la televisión. No por nada la Organización Nacional de Turismo de Escocia, en su sitio VisitScotland.com, posee un apartado especialmente dedicado a Outlander, con un mapa señalizando 36 locaciones de la serie, instando a los fanáticos a “embarcarse en un viaje inspirador”. Muchos lectores y televidentes habían decidido aceptar la propuesta y hoy planeaban sus próximas vacaciones en Escocia.
La saga creada por Diana Gabaldon en 1991 narra las aventuras de Claire Randall, una enfermera de guerra que viaja en el tiempo hasta la Escocia de 1734, donde conoce a su gran amor: el joven y pelirrojo Jamie Fraser. Junto a él a lo largo de los años presencia grandes batallas, conflictos políticos, nuevos territorios que colonizar y todas las dificultades que pueda entrañar una Escocia (y más adelante, América) salvaje, supersticiosa e impredecible.
Tal como lo hizo la película Corazón valiente en los años noventa, con Mel Gibson interpretando al héroe escocés William Wallace, Outlander lograba acercar no solo la geografía de un país desconocido para muchos, sino también un trozo de su historia. Siguiendo los pasos de Jamie Fraser, muchas sassenachs hoy conocen la batalla de Culloden, el enfrentamiento definitivo entre jacobitas -en su mayoría escoceses de las highlands- y el ejército británico, que supuso el fin del sistema de clanes en Escocia, con prohibiciones que incluyeron erradicar gaitas, vestimenta tradicional e incluso el uso del gaélico; normativas bajo pena de muerte, muchas de las cuales no fueron levantadas sino hasta el siglo XIX. Por esto no nos debe extrañar que ahora surgiera el interés turístico de conocer el mismo territorio en el que se librara la batalla y en el que hasta el día de hoy reposan más de 1200 soldados caídos.
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Campo de batalla de Culloden
Culloden y otras paradas imprescindibles
En mis oídos resonaba con fuerza el paso del viento, que arrastraba la maleza, despeinaba los arbustos y se colaba entre medio de las tumbas. El sonido era hipnotizante, al igual que el movimiento de las nubes blancas y grises que arreciaban sobre el campo de batalla de Culloden, situado en las cercanías de Inverness. En esta ocasión, el viaje no había requerido de un guía turístico, se llegaba fácilmente en transporte público, y los buses de retorno contaban con horarios anunciados en la parada. Una vez en el lugar solo quedaba sumergirse en ese trozo de historia abierto a todos los interesados.
El incremento de visitantes al terreno no había pasado desapercibido para los encargados de la mantención del lugar. Pese a la satisfacción general por la atención que les permitía acercar los eventos reales tras la ficción literaria y televisiva, también habían declarado en medios su preocupación por el cuidado del espacio y su molestia por la conducta de algunos turistas que parecían olvidar que no se trataba de un set de filmación, sino de una tumba de guerra.
El campo de batalla de Culloden resultaba ser un espacio fascinante y sobrecogedor. El clima y las características del territorio inspiraban un estado de contemplación mientras se podía avanzar sin prisa por el lugar. Para ingresar es necesario pagar una entrada de 11 libras (alrededor de $ 9.000), valor que además del acceso al campo propiamente tal, te permite aprovechar el centro de visitantes con vídeos sobre la batalla, recreaciones, artículos históricos, además de un sector de cafetería y tienda de recuerdos. Sin embargo, la zona que más convoca a los seguidores de Outlander es la lápida del clan Fraser, atención que ha tenido como consecuencia un mayor deterioro del terreno circundante a la tumba que, por supuesto, en la realidad nada tiene que ver con el héroe literario.
De todas maneras, no es necesario ir tan lejos dentro de Escocia para buscar a Jamie Fraser. En la misma capital, Edimburgo, es fácil encontrar reconocidas locaciones o sectores mencionados en los libros: la imprenta del protagonista, en Bakehouse Close; el pub The World’s End visitado por los personajes y localizable en la Royal Mile; la prisión de Ardsmuir, grabada en el Castillo de Craigmillar o -una de las más populares entre las sassenach- Lallybroch, el hogar de la familia de Jamie Fraser, que en la serie se grabó en el Castillo de Midhope, a las afueras de la ciudad. Puedes ir por tu cuenta o sumarte a uno de los tantos tours, en español y en inglés, inspirados en Outlander que ofrecen en la ciudad. De igual modo, si estás en Escocia un paseo por el Old Town, un vistazo al Castillo de Edimburgo o un ¡Slàinte! acompañado de un vaso de whisky es suficiente para conectarte con la historia que a tantos lectores y telespectadores sigue conquistando.
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Winston Churchill y su vínculo con el whisky
Hay muchísimos libros sobre el célebre político británico y a cada rato aparece uno nuevo sobre algún aspecto de su extensa vida pública o privada. Se han detallado sus hábitos de comida y bebida, incluyendo los famosos puros, sus dificultades financieras, su impresionante oratoria y su extraordinario sentido de la oportunidad. Como sea, Churchill es una figura histórica muy controvertida, que dividió la opinión de sus contemporáneos de una manera que hoy tal vez parezca inaudita, considerando su extraordinario papel en la Segunda Guerra Mundial.
Winston Churchill
Hoy la popularidad de Churchill parece haber vuelto a subir; por lo menos podemos verlo en la televisión, especialmente en la serie The Crown (Netflix), representado por el actor norteamericano John Lithgow, que a pesar de ser demasiado alto para encarnar a este gigante que no pasaba del metro 70, ha logrado revivir para una nueva audiencia los rasgos característicos de Churchill al final de su vida, convertido ya en una especie de monstruo sagrado. Ahí están su humor característico, el eterno puro en la boca, el vaso de whisky al alcance de la mano y toda la grandeza y pequeñez de este estadista.
Johnson parece tener algo con el queso o con la leche: al describir la situación de Churchill en 1940, descalifica a los tories más rancios como monos comedores de Stilton, un famoso queso azul inglés, que era por lo demás, según dicen, el queso favorito de Churchill.
Si Churchill no fue un hombre de partido, tampoco podría decirse que fue un hombre de ideas políticas. Fue un verdadero maestro con el idioma inglés y manejó la oratoria como una eficaz arma política, pero las ideas no parecían importarle demasiado; alguna vez dijo que no se preocupaba tanto de los principios que defendía en sus discursos como de la impresión que sus palabras producían en el público.
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Churchill está en el corazón mismo del debate sobre la actitud de Gran Bretaña frente a la Europa unida, porque fue uno de los primeros promotores de lo que hoy se conoce como Unión Europea en sus intervenciones políticas para garantizar la paz y la estabilidad del continente después de la guerra. El problema es que su posición respecto de la situación de Gran Bretaña ante el escenario continental fue extremadamente ambigua y osciló entre definiciones ideológicas y soluciones pragmáticas.
Para Johnson, Churchill no solo encarnó el “espíritu de Gran Bretaña” durante la guerra donde según él se volvió la imagen viva de John Bull, ese personaje de caricatura creado a principios del siglo XVIII para personificar la posición británica frente a la Europa católica, sino que fue el emblema del carácter británico. Según Johnson, los atributos clave de este carácter serían el gran sentido del humor, la propensión a los excesos en la comida y la bebida, la excentricidad, una belicosidad ocasional, la irreverencia dentro de un respeto por la tradición y cierta propensión a los juegos de palabras.
20 Datos del origen del Whisky
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