El Aceite y el Vino: Un Significado Bíblico en la Liturgia Cristiana

La Semana Santa es un tiempo de gracia centrado en Jesús de Nazaret, lleno de entusiasmo y fervor. La liturgia, como un ramo verde, nos invita a una disposición del ánimo donde se mezclan fe y anhelos humanos.

Semana Santa en Sevilla
Celebración de la Semana Santa en Sevilla.

En este contexto, es indispensable una catequesis de los signos litúrgicos para que elementos como el ramo, la vela, el agua, el aceite, el pan, el vino, el Libro de la Palabra y el altar mantengan su carácter simbólico religioso evangélico.

El Ramo: Un Signo de Alegría y Entrega

El ramo es un signo hermoso que expresa alegría, vida y entrega. Su uso en la liturgia puede enriquecer la experiencia eucarística, integrándolo en la aclamación a Cristo durante la procesión, en la profesión de fe con el ramo en alto, o cantando el Santo al ritmo de la melodía. Así, se bendice a Cristo que viene, no solo el objeto en sí.

Domingo de Ramos
Celebración del Domingo de Ramos.

La Necesidad de una Nueva Evangelización

Vivimos en una sociedad que se ha alejado de la Iglesia y de la religión, donde lo cristiano se ha convertido en un recuerdo nostálgico o en un olvido completo. Es absolutamente necesario realizar una nueva evangelización en una sociedad paganizada.

La Pascua: Un Sentido a Todo Acontecimiento

La Pascua de Jesús da sentido a toda cosa y a todo acontecimiento, incluso a lo que parece insensato e injusto. En la cruz del Hijo se manifiesta el amor del Padre, transformando la muerte en vida y el mal en bien.

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El Anuncio del Resucitado

Lo verdaderamente decisivo es que Jesús de Nazaret, el crucificado, vive por toda la eternidad. La fiesta de Pascua afirma y celebra que Cristo no está entre los muertos sino que vive. No somos seguidores de un difunto venerable; somos testigos de Aquel que rompió para siempre el círculo de la muerte resucitando al tercer día.

El Evangelio no es primero un código de moral o un conjunto de consignas sabias de un gran maestro, es un anuncio o kerigma, una Buena Noticia para el hombre de este y de todos los tiempos. Escuchemos la Palabra de Dios en esta perspectiva y tendremos sobrados motivos para anunciar a otros al Resucitado.

La Conversión de Pedro y la Universalidad de la Salvación

El encuentro de Pedro y Cornelio muestra que Dios no hace diferencia entre las personas. Se trata de abrirse a la universalidad de la salvación superando la estrechez del pueblo israelita. El anuncio llega por primera vez a los paganos y esto es obra de Dios que dispone todas las cosas para el bien de los hombres.

Más que la conversión de Cornelio, hay que hablar de la conversión de Pedro y con él de toda la comunidad naciente, hacia el mundo gentil también invitados al Reino.

La fe cristiana se fundamenta en el testimonio de quienes conocieron al Señor Jesús y del Resucitado.

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La Vida Nueva en Cristo

La Carta de San Pablo a los Colosenses nos pone ante el desafío de abrazar la vida nueva con Cristo. Es un mensaje alentador acerca de las consecuencias del bautismo: “Si han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre”.

En el bautismo fuimos sumergidos, sepultando nuestro hombre viejo con sus pasiones y pecados que nos conducían a la muerte. Pero, al mismo tiempo, hemos resucitado con Cristo para vivir la vida nueva que está escondida con Cristo en Dios.

Celebrar al Resucitado es también renovar nuestro bautismo como fuerza de transformación desde la hondura de nuestras personas.

El Encuentro con el Resucitado

El evangelio nos presenta la angustia de María Magdalena y los discípulos al encontrar el sepulcro vacío. La verdadera prueba de la resurrección es el encuentro con el Resucitado que es el mismo que ha sido crucificado. La misión brota del reconocimiento del Cristo Vivo y no de un sepulcro vacío.

Muchos cristianos conocen a Jesús a la distancia, de oídas, pero no han tenido la experiencia del encuentro personal con el Resucitado. Como dijo Benedicto XVI, “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

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Este encuentro de fe con la persona de Jesús requiere un camino largo, un auténtico proceso discipular que dura toda la vida, para asimilar y hacer nuestro el camino de Jesús muerto y resucitado.

¡Feliz Pascua de Resurrección! Ofrezcamos al Cordero pascual nuestro sacrificio de alabanza.

La Alegría en las Reuniones Cristianas

El Señor quiere darnos alegría en nuestras reuniones cristianas. Los discípulos se regocijaron al ver al Señor (Jn. 20:20). El Señor se regocija cuando nos reunimos, y es un privilegio que nosotros podamos alegrarnos junto con él.

Reunión Cristiana
Reunión Cristiana.

En el Antiguo Testamento, Dios habla repetidamente acerca del lugar donde haría habitar su nombre (Deuteronomio). Para Israel en aquel entonces, este era un lugar geográfico (Jerusalén), mientras que para nosotros se trata de un lugar espiritual. Es el lugar donde nos reunimos en el nombre del Señor Jesús (Mateo 18:20).

Cuando David meditaba en lo que significaba para él ir a este lugar, dijo: "Yo me alegré cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor" (Sal. 122:1). Hoy en día, podemos sentir la misma alegría cada vez que nos reunimos en el nombre del Señor Jesús.

El Señor quiere que nos reunamos en el lugar que él escogió “para hacer habitar allí su nombre” (Dt. 26:2 RVR1960) y él es quien invita. No somos nosotros quienes elegimos el lugar o congregación en la que nos reunimos, sino que Dios decide cómo y dónde nos reunimos. Cuando encontramos ese lugar, podemos sentir alegría.

Allí se ofrecen holocaustos y sacrificios, que en el Nuevo Testamento son denominados como "sacrificios espirituales", "sacrificios de alabanza” y "acciones de gracias". Luego vienen los sacrificios materiales, que consisten en hacer el bien y la ayuda mutua o compartir (1 P. 2:5; 1 Ti. 2:1; He. 13:15-16).

Así como en el pasado era una gran alegría para cada israelita ir juntos a la casa de Dios, hoy en día es una alegría especial cuando vamos juntos a las reuniones. Es hermoso estar allí como la familia de Dios, con hermanas, hermanos, ancianos, jóvenes, adultos y niños. Dios quiere que disfrutemos juntos de la alegría, y este versículo nos anima a llevar también a nuestros hijos a las reuniones.

Casi todos los pasajes que mencionaré en este artículo nos muestran algo acerca de la comunión con el Señor. En la Biblia, comer juntos es a menudo una expresión de comunión. Podemos disfrutar de esta comunión con el Señor de forma personal, pero en las reuniones lo hacemos junto con otros. Esto no se limita solo a la reunión de partimiento del pan, sino también a otras reuniones.

Como cristianos, somos libres de dar lo que el Señor ponga en nuestro corazón. También podemos dar donde y cuando queramos. Sin embargo, es una buena costumbre combinar las ofrendas de hacer el bien y compartir con las ofrendas de alabanza y acción de gracias, tal como las vemos vinculadas en Hebreos 13.

La fiesta de las semanas, también conocida como Pentecostés, formaba parte del calendario festivo del pueblo de Israel y se celebraba todos los años. En los Hechos 2 vemos su cumplimiento profético, ya que esta fiesta apuntaba a la venida del Espíritu Santo a la tierra. Con la venida del Espíritu Santo, él no solo tomó posesión de cada creyente individualmente, sino que también se formó la Iglesia de Dios en la tierra. Este es un milagro que nunca deberíamos olvidar, y es importante recordarlo cada vez que nos reunimos.

La fiesta de los Tabernáculos también se celebraba anualmente y ningún otro pasaje enfatiza tanto la alegría como este. En su significado profético, la fiesta de los tabernáculos apunta al reino milenial al que Israel entrará con alegría. Aunque el reino no sea la esperanza principal del cristiano, podemos aplicarlo a nosotros mismos, recordando que lo mejor está por venir. Por toda la eternidad disfrutaremos de la alegría de la casa del Padre.

Dios nos ha bendecido aún más a nosotros, los cristianos. Si queremos ver cuán ricos nos ha hecho Dios, debemos leer la Epístola a los Efesios. Allí podemos ver que nuestras bendiciones no son terrenales, sino celestiales. Además, reconocemos que nuestras bendiciones son principalmente espirituales, no materiales. También reconocemos que nuestras bendiciones no tienen límites, sino que Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual. Y, sobre todo, aprendemos que nuestras bendiciones están en Cristo.

Esto se hace especialmente evidente en las reuniones, donde podemos regocijarnos juntos en las riquezas que Dios nos ha dado en Cristo. No olvidamos de dónde venimos y lo que éramos, sino que meditamos con alegría en cuán ricos nos ha hecho Dios en el Señor Jesús. ¿Y cuál es la consecuencia? Nos postramos en agradecimiento y adoración a Aquel cuya gracia no solo nos ha salvado, sino que nos ha bendecido abundantemente.

¡Realmente vale la pena asistir a todas las reuniones en el lugar donde el Señor nos convoca a reunirnos, y no perdernos ninguna de ellas, a menos que haya una razón válida para hacerlo!

¿Sabes Esto de la Palabra 'VINO'? 🍇​🍷​ Juan Manuel Vaz

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