El grupo musical Tequila, conocido por su energía y fusiones en vivo, tiene una historia rica y variada que se entrelaza con la evolución de la música en Chile.
Los Inicios: Ángel Parra Trío y la Exploración del Jazz
En 1992, mientras el país se adaptaba a la transición, el guitarrista Ángel Parra aprovechó el tiempo libre que le dejaba el trabajo de Álvaro Henríquez con el Gran Circo Teatro para dedicarse a su inquietud por el jazz. Formó un trío junto a Roberto "Titae" Lindl y Francisco "Pancho" Molina, también integrantes de la banda originaria de Concepción.
Por entonces, consiguió la atención del sello Alerce, el mismo a cargo del debut de los penquistas. “Me llena de orgullo recordar que hubo un interés de una compañía discográfica por financiar el disco -cuenta el músico-. Era un momento en que el jazz en Chile, y todo en realidad, estaba medio muerto”. Por ello, todavía le sorprenden ciertos detalles. “Tuvimos un presupuesto que nos permitió estar diez días grabando en un estudio, lo que es insólito, rarísimo para un disco de jazz. Tiene un sonido muy digital, porque se usaron grabadoras digitales”.
Según Parra, en el largaduración participaron solo amigos suyos. Además de Molina y Lindl, menciona a un joven Cristián Cuturrufo, al baterista Pedro Greene y el saxofonista Marcos Aldana. Asimismo, la grabación estuvo a cargo de Eduardo Vergara, “un amigo al que le tengo mucho respeto, que fue sonidista de Los Jaivas y Congreso, quien también participó en el disco”.
“Es un disco que está lleno de ímpetu juvenil -recuerda Parra-. Eran muchas cosas en un solo disco, muchas músicas diferentes, por eso es que hay influencias que vienen desde el jazz más tradicional, como Wes Montgomery y todo eso, pero también hay unos coqueteos con el jazz rock. Hay gente que lo encuentra muy ecléctico, pero a mí me encanta por eso”.
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Patana (1995): Jazz Rock al Estilo de Miles Davis
Tres años después, las cosas comenzaron a cambiar. Con la partida de Pancho Molina para formar su proyecto Los Titulares, el trío incorporó a un viejo conocido, Moncho Pérez. “Encontramos que era un baterista muy sensible a lo que significaba acompañar a un solista en un trío de jazz y eso es algo que cuesta mucho encontrar -explica Parra-. Tenía la capacidad de escuchar muy bien lo que estaba haciendo yo y estar, a la vez, muy emparentado con el ‘Titae’”.
La fuerza de esta nueva conjunción propulsó los primeros ejercicios compositivos de Parra y Lindl registrados en un estudio de grabación. “Hay dos temas míos y uno del Titae (‘Trimno’), que creo que era el primero que grababa”, agrega.
En esos días, de ensayos y pruebas, el gusto por el jazz rock se coló entre los vericuetos de las melodías y figuras rítmicas de dos canciones en particular; “Hans” y “Quemalecho”. “Nuestra idea en esos temas era sonar como los discos de Miles Davis de los setentas, el Bitches Brew o el Jack Johnson, una onda un poco más volada -señala el guitarrista-. Para eso invitamos al Andrés Pollak en los teclados, que tocó el Fender Rhodes y Claudio Ortúzar en percusión”.
Al mencionar al célebre trompetista, Parra no puede evitar entusiasmarse. Aunque resulta uno de los puntos totémicos del género, el guitarrista destaca que este fue parte de una era particularmente estimulante. “Me gusta harto, pero además ese período fue luminoso en todos los ámbitos, como que los artistas se sacaron el polvo de los antiguos clubes de jazz y los ternos y hacerse parte de una música más arriesgada, pero es parte de la evolución de un artista, además él siempre iba un paso adelante de los demás. Incluso los discos poperos de él, me encantan”.
Piscola Standards (1996): Un Tributo a los Clásicos del Jazz
Antes que una agrupación de músicos competentes, el Ángel Parra Trío era un espacio de reunión para melómanos inquietos. Por ello, en que a mediados de los noventa, la camaradería era tan importante como los ensayos. “Nos juntabamos mucho -recuerda Parra-. Nos comprábamos unas botellas de Horcón Quemado, fumábamos unos caños y nos poníamos a ver videos en mi casa. Veíamos unos VHS de Keith Jarrett, Buddy Rich, Barney Kessel, orquestas de Big Band, mucho Frank Sinatra. Compartíamos mucho, era una época muy libre”.
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Por ello es que Piscola Standards es, a la vez, una referencia a esas noches (en la contraportada aparecen los músicos con el vaso largo de rigor), y un esfuerzo por recrear el sonido con el que trabajaron aquellas glorias inoxidables que dejaron varios de los standard de Jazz más conocidos. “Yo vivía en Providencia, donde teníamos una sala y pasábamos horas de horas tocando. Entonces teníamos un sonido muy afiatado, pero comenzamos una búsqueda sonora más hacia el pasado”.
De esta manera, decidieron grabar siguiendo la forma de trabajo del pasado. “Se hizo con dos micrófonos, en un día nomas, a la antigua -cuenta Parra-. Hay temas de Bud Powell, René Thomas y Thelonius Monk, quien tenía harta importancia en nuestra música”. Tanto fue el interés por emular el sonido acústico del jazz de viejo cuño, que incluso hubo tiempo para probar cosas diferentes. “En un par de temas, ‘Strictly confidential’ y ‘Meeting’, el Moncho Pérez toca las plumillas arriba de la caja de mi guitarra Gibson de los años 50 -cuenta Parra- éramos muy fanáticos de la música de Wes Montgomery y estábamos tratando de imitar solamente eso”.
El álbum también incluye algunos tracks registrados fuera del estudio. “Los últimos dos temas los grabamos en vivo en un local de jazz que se llamaba la Calle del delfín verde, que ya no existe -afirma el artista-. Parece que los locales de jazz tienen esa tendencia porque no se financian muy bien (bromea)”.
Tequila (1998): La Fusión con el Acordeón de "Rabanito"
La vinculación de Los Tres con los músicos de la antigua bohemia santiaguina, durante el período de mayor fama del grupo, tuvo repercusiones en varios niveles. Una consecuencia fue la sociedad entre el Ángel Parra Trío y Rafael Berríos, “Rabanito”, un acordeonista de la vieja escuela -fallecido en 2005-, que destacó por su dominio de un repertorio popular que iba desde la cueca al jazz. Incluso, en su juventud pudo tocar con Violeta Parra.
Fue en las noches de la Yein Fonda (1996), donde Ángel conoció al músico. “Con el Álvaro [Henríquez] empezamos a buscar gente -recuerda el guitarrista-. Miramos los discos que grabó mi papá y el tío Roberto. Ahí tocaba Iván Cazabón, y él tenía grabaciones con ‘Rabanito’. Además Pepe Fuentes lo conocía muy bien. Ellos tenían caracteres muy diferentes; ‘Rabanito’ era muy reservado y Pepe Fuentes era como altanero, como más potente, pero ellos grabaron mucho juntos en Los Pulentos de la cueca”.
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Pero durante los ensayos, Parra captó que el veterano acordeonista dominaba un lenguaje mucho más extenso que el de las cuecas. “Cuando dejábamos de tocar nos quedábamos conversando con él. Entonces empezaba a tocar bossa nova y otras melodías jazzeras que conocía, que eran muchas, se sabía cientos de temas”.
Por ello, el músico fue el invitado estelar en “Tequila”, un álbum compuesto por canciones que en su mayoría eran parte de su repertorio. “Estos eran puros temas que él sabía muy bien. ‘Tequila’, para qué decir, lo hacía mierda -recuerda Ángel-. Por ejemplo, ‘Saudade’ lo aportó ‘Rabanito’. También estaba ‘September song’, una balada con la que él hacía suspirar al público, porque le ponía un sonido muy melancólico, medio de bandoneón”.
La contribución del artista se escucha en otros rincones menos evidentes del álbum. “También grabamos ‘Play the blues and go’, un tema que siempre tocamos con ‘Titae’. Entonces ‘Rabanito’ tocaba el blues de una forma muy particular, porque no lo tenía tan incorporado -cuenta Parra-. Tenía una manera muy chilena de tocar el blues, muy única. Yo diría que era como la forma en que el tío Roberto tocaba el jazz guachaca”.
No Junta Ni Pega (2000): La Incorporación de los Teclados
A la manera de los Beatles en discos como A Hard Day’s Night o Rubber Soul, en que hay instrumentos que definen ciertas cualidades sonoras del material (la guitarra Rickenbacker de 12 cuerdas o la Fender Stratocaster), en la discografía del Ángel Parra Trío hay momentos en que el sonido definió algunos momentos. En el quinto álbum, fue la introducción de los teclados.
“El ‘Titae’ componía harto en el teclado -recuerda Parra-. Tenía uno antiguo en su casa, un Yamaha, que sonaba increíble. Tratamos de emular esos sonidos”. Por tal razón decidieron incorporar a Raúl Morales, un músico de Concepción -padre de la violonchelista Felicia Morales- a quien conocían desde los inicios de Los Tres.
“En su casa se escuchaba mucha música, muchísima -cuenta Ángel-. Cuando tocábamos con Los Tres o el trío en Conce, después nos pasábamos la tarde piscoleando y él tenía una muralla completa con una colección de cassettes. Y también tenía muchos, pero muchos videos. Él nos mostró harto jazz, fue fundamental en nuestra formación”.
Tiempo después, agregaron a Camilo Salinas quien tocó en los últimos conciertos de Los Tres. Entonces, el elepé tuvo una inédita formación con dos músicos a cargo de los teclados. “Fue un bonito desafío tener a dos tecladistas tan diferentes, pero que compartían muchas influencias”, recuerda Parra. “Andábamos con un Farfisa y un Hammond que tenía Camilo”.
Por tal razón, el álbum cuenta con material muy diverso. “Hay varias composiciones del ‘Titae’ muy lindas como ‘Fruta y pollo’, además una de Moncho Pérez, ‘Forro de Manuela’ que es una obra maestra y también está ‘Gato flojo’ que es mía”.
Por otro lado, el oyente más atento reconoce los samplers que suenan al comienzo de “María Gambrelli”. “Fue algo muy atrevido, eran pedazos de una película de la saga de La Pantera Rosa, que se llama Un disparo en la oscuridad (1964). En ese tiempo no existía YouTube ni nada de eso, así que dijimos, ‘ya, pongámoslo nomás’”.
De alguna forma, esa pieza introdujo la influencia del cine en la obra del grupo. “Después se va a hacer un poco más notorio, por lo teclados, la obra de Henry Mancini, Morricone, etc”. Además en este disco está “Delirio Urbano”, usado como cortina para el programa Cine Video, de TVN. “Es un jazz muy rápido, como un bebop -explica Para-. Se sale un poco del repertorio del disco”.
La Hora Felíz (2002): El Éxito en Vivo
El trío comenzó la nueva década con una popularidad creciente, que le permitió fichar por Warner. Pero una llamada inesperada, abrió una posibilidad insólita. “Los de Lucky Strike, empezaron a tener problemas con el avisaje y de repente tuvimos la suerte de que nos llamaron. -recuerda Parra-. Nos dieron un presupuesto, tampoco multimillonario, para incluirnos entre los miles de eventos que hicieron. Y con eso financiamos todo”.
De esa forma, casi por una casualidad, se concretó la idea de grabar un concierto en el Teatro Oriente, dividido en secciones con los diferentes estilos y sonidos que abarcaba el repertorio del grupo; de ahí a que hubo una “hora bossa”, una “hora electrónica”, una “hora swing”, y así. “Warner nos apoyó con algo del aparataje técnico, pero casi todo fue una gestión mía”, asegura Parra.
Por supuesto, hubo invitados. “En el trío ha habido un afán de hacer justicia con músicos del pasado que estaban medios abandonados y eso nos ayudó a aprender a tocar música bien, para qué estamos con cuestiones”, explica el guitarrista.
Al respecto, el músico recuerda un caso en especial, el de la cantante Nelly Sanders, una estrella de la era de las orquestas de las radios, de mediados del siglo XX, a quien contactaron para la ocasión. “Llegamos a ella por Pepe fuentes -cuenta-. La ubicamos por la SCD, fuimos a su casa y ahí vimos que se había ganado un trofeo como la mejor intérprete de tango en Buenos Aires, en no sé qué año”.
Por cierto, también estuvieron algunos viejos conocidos. “No hubo tantos ensayos, porque ya teníamos harta experiencia tocando. Entonces ya sabíamos que por ejemplo, estaba el Tío Lalo, y tocábamos ‘La cueca de los Parra’, también estaba ‘Rabanito’ de vuelta y tocamos cosas que ya sabíamos con él”.
Con la presencia del grupo Los Mismos -en los temas “Seres” y “Samba”-, Parra se permitió reconectar con un rincón de sus comienzos. En específico, por la amistad con uno de sus integrantes, Silvio Paredes, el histórico bajista de Electrodomésticos. “Él fue una de las primeras personas con las que me puse a tocar música cuando era más chico, antes de irme a estudiar a Europa -recuerda-. Estuve tocando dos años con él, teníamos un grupo que se llamaba Aceite Humano. No pasaba mucho porque él también es diseñador y hacía otras cosas”.
Pero el momento más recordado, al menos en términos de impacto masivo, fue el sencillo promocional “No puedo quitar mis ojos de ti”, que es parte de la sección llamada “la hora swing”, en que el grupo incursionó en dicho estilo de viejo cuño. Para tocarlo correctamente, armaron una banda ad-hoc.
“En la hora swing armamos el grupo con el Micky Mardones, un gran saxofonista chileno, le decíamos ’oye, necesitamos el arreglo de ‘No puedo quitar mis ojos de ti’, ‘When you’re smilin’, ‘Just a gigoló’, ‘I ain’t got nobody’ y ‘Jump, jive and wait’, que eran temas que él conocía de los 50′ seguramente -señala Parra-. Y él llegaba con las partituras, tenía toda la información. Además, se sumó el ‘parquímetro’ [Héctor Briceño, fallecido en 2019], Cuturrufo, y salió esa parte. Era nuevo que una banda de jazz tocara ese swing como bailable, fue un golpe grande”.
En esos días, en las radios y en los canales de música, circuló la poderosa versión de “No puedo quitar mis ojos de ti”, cuyo título original en inglés es “Can’t take my eyes off you”, y fue popularizada por Frankie Valli en 1967. Pero a los músicos chilenos llegó por otra vía. “Se la habíamos escuchado a Frank Sinatra y estaba en la memoria colectiva, son discos que uno escuchó cuando chico”.
A cargo de la voz en esa parte del show estuvo el exvocalista de los Santos Dumont, Julián Peña. Un hito que marcó el comienzo de un período de colaboración del cantante con el trío. “Yo creo que su presencia es muy importante en todos los discos que estuvo -asegura Parra-. Tiene esa capacidad de crooner que no la tiene ningún cantante en Chile; habla bien inglés, canta muy bien, tiene mucho swing para cantar”.
Acaso evocando la popularidad de la canción original -en la voz de Valli llegó hasta el #2 del Billboard Hot 100-, su revisión en clave swing a la chilena alcanzó una sorprendente presencia en los medios. “Un día me llaman de Warner y me dicen: ‘Oye, esto es un éxito’.‘ ‘¿Qué éxito?’ les digo yo. ‘No puedo quitar mis ojos de ti’, me responden -cuenta, todavía algo incrédulo-. Entonces era muy raro que una banda de jazz lograra algo así”.
Vamos que se Puede (2003): Jazz Posmoderno
Con la popularidad del grupo en alza, el grupo editó un nuevo trabajo en que acaba por consolidar su aproximación, muy particular, con el jazz. “Veníamos en una buena racha -recuerda el artista-. El grupo había tomado un camino medio postmoderno como dijeron algunos musicólogos; partimos tocando un jazz como el que se escucha en los clubs de jazz, pero terminamos en una mirada de la chilenidad y de la estética que nadie se la esperaba”.
Y ese jazz posmoderno se escucha...
Ángel Parra Trio desde el alma Festival de Jazz & Blues Ancud 2024
María José Quintanilla y su Nuevo Single "Tequila & Ron"
En un giro inesperado, María José Quintanilla, conocida por su trayectoria en la música mariachi y cumbia, presenta su nuevo single “Tequila & Ron”. Este tema, juguetón y lleno de ritmo, marca el inicio de una nueva etapa musical para la artista chilena. “Tequila & Ron” invita a olvidarse de los problemas por tres minutos y promete convertirse en el himno fiestero de los próximos meses.
“Estoy muy feliz, porque además yo tenía la noticia del nuevo disco hace mucho rato. Y no podía decir nada. Entonces la gente me preguntaba ‘oye, ¿y tú en qué estay? Y yo, ‘supieras’”, expresó Quintanilla en una entrevista, revelando la emoción contenida durante los meses previos al lanzamiento.
En cuanto a la elección del mes para lanzar su nuevo tema, María José Quintanilla explicó: “Yo creo que también está muy bueno, porque en realidad en este mes nosotros empezamos como un poco más abajo”.
“Empieza el frío, las lluvias, los cortes de luz, todas esas cosas que te ponen mal genio (...) Y yo creo que está bueno darle la vuelta de tuerca”, concluyó.
| Año | Álbum | Características Destacadas |
|---|---|---|
| 1992 | Angel Parra Trío | Debut ecléctico con influencias de jazz tradicional y jazz rock. |
| 1995 | Patana | Exploración del jazz rock al estilo de Miles Davis. |
| 1996 | Piscola Standards | Tributo a los clásicos del jazz, grabado a la antigua. |
| 1998 | Tequila | Fusión con el acordeón de "Rabanito", incorporando elementos de la cueca y el jazz. |
| 2000 | No Junta Ni Pega | Introducción de los teclados y experimentación con samplers. |
| 2002 | La Hora Felíz | Concierto en vivo con invitados especiales y una sección dedicada al swing. |
| 2003 | Vamos que se puede | Consolidación del jazz posmoderno con una mirada a la chilenidad. |