El Teatro y la Distracción como Instrumentos Políticos en Chile durante la Era de las Revoluciones (1780-1836)

El mundo contemporáneo se caracteriza por la mercantilización y la competencia por la atención. Capturar la atención del público, colonizar los tiempos de ocio y organizar las formas de distracción son problemas que preocupan a empresas, economistas, políticos y filósofos.

La distracción ha ocupado un lugar central en la reflexión sobre el papel político de ciertas manifestaciones culturales, en particular, de diversiones públicas como el teatro. A través del estudio de los discursos en torno a esta diversión pública entre 1780 y 1836, revelo la existencia de una relación muy profunda entre distraer y gobernar.

En este artículo, se analizará el papel asignado al teatro en Chile durante la Era de la Revolución, enfocándonos en las suposiciones que llevaron a las élites letradas a creer en la eficacia política del Estado. Los letrados creían que el teatro era un instrumento político porque le permitía a gobernantes y autoridades satisfacer lo que veían como una demanda natural por distracciones, así como intervenir sobre el estado anímico de la población.

Esta articulación entre distracción y ejercicio del poder no solo nos revela algunas de las mutaciones políticas del periodo sino, también, la forma en que los sectores ilustrados comprendían la actividad política en sí misma. De esta manera, a través del ejemplo del teatro pretendo destacar la relevancia historiográfica que el examen de los supuestos que fundamentan el poder de la comunicación puede tener para el estudio de la crisis colonial y la organización republicana.

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El Poder de la Comunicación Durante la Era de las Revoluciones Atlánticas

El período analizado coincide con la "era de las revoluciones" (1750-1825), una época de profundos cambios en el mundo atlántico. Esta fue una época de profundos cambios y mutaciones no solo en Chile o América Latina sino en todo el mundo atlántico. De allí que haya podido también ser descrita como una "era de las revoluciones culturales", caracterizada por importantes modificaciones en el plano de los principios políticos, los sistemas de legitimidad, las actividades sociales, los roles de género y las prácticas simbólicas.

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Dichos cambios de orden social y político se acompañaron, por si fuera poco, de importantes esfuerzos por modificar el comportamiento y modo de ser de los individuos. El proyecto de "regeneración" del hombre enunciado por los revolucionarios franceses fue, sin duda, una de las manifestaciones más radicales de esta voluntad de cambio, pero estuvo lejos de ser la única.

Atribuir eficacia a ciertas formas de comunicación (entre las que cabe considerar las diversiones públicas) ha sido una operación recurrente entre los historiadores interesados en entender tanto las causas de esta serie de mutaciones como su dirección y objetivo final. De este modo, la fiesta política ha sido analizada como un eficaz instrumento utilizado por los grupos dirigentes de Chile para reemplazar las formas de legitimidad monárquica por una nueva legitimidad nacional o constitucional.

Una de las mutaciones fundamentales ocurridas en el mundo hispánico durante la era de las revoluciones y las primeras décadas del siglo XIX fue la transición desde una forma política imperial a la de coexistencia de una serie de Estados nacionales.

Junto con enriquecer de manera muy significativa nuestra percepción del periodo y aportar una necesaria perspectiva cultural a su historia política, estos trabajos han reforzado de forma inadvertida una visión teleológica del proceso de construcción nacional, al sugerir que la nación fue deliberadamente creada a través de medios simbólicos y formas de comunicación.

Una nutrida producción historiográfica ha presentado, por ejemplo, los himnos, fiestas y emblemas nacionales como dispositivos de producción y socialización del sentimiento nacional. De este modo, los cambios vividos durante esta época -entiéndase por ello el ambicioso programa de readaptación de la producción cultural con nuevos fines políticos- son interpretados, de manera teleológica, como formas de ejercer el poder y de construir el Estado-nación.

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En efecto, presuponer la correcta transmisión de un mensaje o de un sentimiento desde un polo productor a un polo receptor (el público) implica pensar un proceso comunicativo sin interrupciones, en el que las intenciones del emisor se transmitirían casi directamente a los espectadores.

Un estudio de este tipo no solo serviría para evitar anacronismos a la hora de evaluar la importancia política de estas manifestaciones sino, también, para restituir en su cabalidad la forma en la que esta era comprendida en la época estudiada.

En efecto, la creencia de los contemporáneos en el poder del arte, las fiestas, la música o los emblemas, podía obedecer a supuestos radicalmente distintos a los nuestros.

El Teatro como Instrumento de Distracción y Control Social

Una de las maneras más comunes de comprender la relación entre distraer y gobernar es aquella sintetizada en la frase "pan y circo" (inspirada, a su vez, en unas líneas del poeta romano Juvenal). Este argumento pareciera reducirse a la simple idea de que gobiernos y autoridades buscan distraer al pueblo de los asuntos públicos mediante diversiones frívolas y espectaculares.

En ese momento de crisis e incertidumbre, durante el cual tanto Chile como el mundo atlántico vivieron cambios radicales en términos de principios políticos e imaginarios sociales, la eficacia política asignada a diversiones públicas estaba íntimamente asociada a la capacidad que se les atribuía de actuar al interior de una economía general de las distracciones. El teatro, como otras diversiones públicas, era capaz de atraer o desviar la atención de la población, así como de proveerle un merecido descanso de sus ocupaciones cotidianas.

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Esta capacidad daba a los espectáculos teatrales una dimensión política fundamental, toda vez que la gestión y le control de la necesidad humana por distracciones pasaba por ser una importante tarea fundamental. El discurso de las élites letradas chilenas sobre el poder de las diversiones públicas es, por lo tanto, más complejo de lo que aparenta, y su estudio ofrece una ventana privilegiada a la manera en que los actores del periodo entendían tanto la acción como la comunicación política.

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