¿Vino o Cerveza? El Debate sobre la Bebida en la Última Cena y su Significado Cultural

Todos hemos oído la historia una y otra vez. En un momento dado María, al ver que el vino faltaba, le ordena a los sirvientes que hagan lo que Jesús les indique. Jesús, a su vez, ordena que se llenen de agua seis tinajas de piedra originalmente destinadas a las purificaciones de los judíos. Para Juan ésta es la primera señal de Jesús. Fue, de hecho, el primero de los 39 milagros documentados en los evangelios canónicos.

Las bodas de Caná

Las bodas de Caná, Tintoretto

Hasta aquí todo está en orden ¿si? El tema de la posible transformación del agua en vino no es nada nuevo. Se ha comentado y discutido en todo el mundo durante años. Hemos podido dimensionar mejor las grandes figuras y eventos que dieron forma a nuestra civilización, a nuestras costumbres y a nuestras religiones. Finalmente eso es lo menos importante.

Vámonos despacito, porque seguramente me estoy metiendo “entre las patas de los caballos” al mencionar la posibilidad de que haya sido cerveza y no vino lo que amenizó las célebres bodas de Caná. Es importante anotar que la principal bebida de exportación de los egipcios en los años de Jesús hacia la región del Mediterráneo era la cerveza. Otra: la cerveza era la bebida para la población común y corriente, para el populacho.

La cerveza abundaba para la plebe - y Jesús fue “de la plebe”- mientras que el vino estaba reservado para la élite. Todos sabemos que Jesús no la llevaba muy bien con los romanos sino todo lo contrario. Nos gana el símbolo religioso en el que se convirtió y se nos olvida la terrible realidad que lo rodeaba.

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La cerveza - que para los griegos era una bebida que tomaban los salvajes del norte - resultaba indigna para un líder como Jesús. Consideremos además que estas traducciones se hicieron muchos años después de que todos los evangelistas y contemporáneos de Cristo habían muerto, así que no quedaba nadie para reclamar el “error” de traducción. Además en la traducción posterior de la Biblia al ingles antiguo se habla no únicamente de unas “tinajas de piedra” sino de una “línea de pilas de Ale, o “line of vats”.

Ahora echemos a volar nuestra imaginación un poco más, si lo que tomaron en Caná fue cerveza entonces ¿Qué tomaron en la Última Cena? Para terminar les dejo otra inquietud: ¿saben cuál era uno de los principales alimentos que llevaban consigo los exploradores y ejércitos que recorrían la tierra y los mares conocidos de la época?….¡adivinaron! Era cerveza, ya que no se echaba a perder con la facilidad del agua y otros alimentos como el pan, la carne o los vegetales.

¿Vino o cerveza?

La Cerveza en la Roma Antigua: ¿Por Qué No Era Apreciada como el Vino? Historia y Cultura Romana

El vino, la cerveza y el trigo son los tres alimentos más nobles que han existido, la civilización empezó en base a esos tres pilares, el vino además es "la sangre de Cristo" ¿A quien se le habrá ocurrido tan disparatada idea? Aunque como metáfora es brillante, dentro de mi poco afecto por la religión el catolicismo con sus ritos es mi preferido ¿Cómo no va a ser simpático un Dios que multiplicó el vino para una fiesta? .Los demás dioses quedan muy mal parado frente a esto, Jesucristo dio justo en el blanco cuando dijo -si es que lo dijo- "bebed, esta es mi sangre", con eso dio pie a los innumerables elogios y odas que se han hecho al vino.

En mi colegio todos querían a Zurita. Fue el primer borracho que conocí. Iba en séptimo básico y ya su pequeño cuerpo era en un 80 por ciento Roncola. Era un niño ebrio y eso lo hacía admirado en todo el Conosur, debido a su capacidad casi bíblica de transformar una caja de jugo de uva en vino, tras dejarla largas horas al sol. Los profesores adoraban ver como tiernamente, a sus 13 añitos, entraba a enfermería haciéndose el golpeado, sólo para robar alcohol de los estantes. Hoy, a los 18, tiene el “Museo Nacional Del Pellet” en su hígado, y por su alto grado de inflamabilidad, es considerado por la ONU como arma de destrucción masiva. A pesar de su prematura decadencia, nos dio una gran lección: El alcohol une a los pueblos.

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La gente de mi edad lo tiene mas que claro: Beber es un acto de integración nacional que debería ser aplaudido e imitado por la clase política. Hay resultados concretos que lo avalan. Pero esta revolución, también se relaciona a la unión generacional. El abuelo, la tía, los papis y sus hijos, olvidan sus diferencias (y posiblemente sus nombres) y se unen en torno a un amigo común: el alcoholismo.

Aún recuerdo la historia de una chica que contaba alegremente y borracha una vieja tradición familiar: todos debían tomarse un vaso de coñac al seco, al oír el numero 23. Podían estar escuchando la noticia sobre 23.000 muertos en la franja de Gaza y verse obligados a brindar en conjunto. A pesar de esta transversalidad, los nuestros están adelantados. De chicos teníamos amiguitos en el jardín que traían Vodka de colación, por lo que estar borrachos se transformó en el status quo. Para mi generación la fiesta dejo de ser “ir a tomar”. Eso es sólo parte de la preparación que consiste en bañarse, masturbarse y borrarse. Luego de eso, uno se dirige al malón de turno.

La Última Cena

La Última Cena, Leonardo da Vinci

No tiene sentido ir a un evento social que luego tendrás que recordar. De hecho, debería ser requisito en los bautizos, navidades y fiestas de guardar, no pasar el Alcotest. Incluso, eventos políticos importantes, como el cambio de mando, deberían ponerse a tono. Los políticos llegarían borrados y nadie recordaría quien entró y quien salió del poder.

Aun así, yo decidí no beber en exceso. Nunca me agradó el sabor del trago, por lo mismo no tengo mucha resistencia y caigo en coma etílico con solo escuchar la palabra “Cabernet”. Debido a esto, tengo recuerdos alcoholicosescolares memorables. Como Teletonescos eventos, durante las tomas del 2006, que no eran para ayudar lisiados, si no para crear nuevos, comprando Ron a estudiantes ya borrados que corrían por los techos. O pichangas de barrio entre alumnos y sus profesores, donde ambos clubes, estaban ciegos a causa del gin.

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Cuando yo era chico, en el Chile antiguo el vino se compraba en chuicos de 5 litros o en damajaunas, de 15 creo que eran. A los borrachos en esos años les decían "chaleco de mimbre", por el forro que llevaban las damajuanas, también les decían a veces "cayumanqui", que es un pueblito cerca de Concepción donde se hace o se vende vino, o tal vez donde todos son muy borrachos, quien sabe, la cosa es que cayumanqui también era sinónimo de curado. Me acuerdo de mi amigo "tranca-man" a quien no veo hace años, famoso por su capacidad de tomar litros y litros sin emborracharse.

Al final flaquea un poco, pero el poema es espléndido, me acuerdo de él cada vez que empino el codo para beber un poco de la sangre de Cristo. «El vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma hasta el fondo y asegura la curación de la tristeza.» escribió Séneca; «El vino siembra poesía en los corazones.» escribió Dante Alighieri; «Las gentes del Mediterráneo empezaron a emerger del barbarismo cuando aprendieron a cultivar el olivo y la vid.» dijo Tucídides; “Hay más filosofía y sabiduría en una botella de vino, que en todos los libros.” puso el científico Louis Pasteur; "No confíes en alguien a quien no le guste el vino.” dijo el borrachín profesional Karl Marx; “El vino es la luz del sol, unida por el agua.” dijo el sabio Galileo Galilei.

En fin, hay infinitos elogios al vino como este “Si bien la penicilina cura a los hombres, el vino les hace felices.” de Sir Alexander Fleming. Pero el elogio más definitivo lo escribió Plinio el Viejo "In vino veritas", es decir "en el vino está la verdad".

A continuación, algunas canciones que versan sobre el alcohol:

  • Los Hermanos Campos / Te miro la cara y me da sed: La afilada síntesis del título y la letra (“chupai como contratado”) son sinónimo de curagüilla en esta tierra, una de las cientos de composiciones de estos oriundos de Longaví de extensa trayectoria por más de siete décadas.
  • The Cure / The Blood: Esta joya de The Head on the door (1985) se inspiró en un vino portugués barato llamado Lágrimas de Cristo “que todos los trabajadores beben”, según Robert Smith.
  • Guns N’ Roses / Nightrain: Nightrain es un vino barato californiano que refrescaba las noches de Guns N’ Roses cuando era una banda de tantas abriéndose paso en Sunset Strip.
  • Elvis Presley / Vino, dinero y amor: Un temprano ejemplo de spanglish, más unos cuantos estereotipos sobre Latinoamérica y las mujeres.
  • Electrodomésticos / Yo la quería: La bebida como una constante en la relación, y el intento por desmarcar la culpa.
  • Amar Azul / Yo tomo vino y cerveza: Estos reyes de la cumbia argentina de fenomenal éxito en Chile, se han dedicado a cantar sobre alcohol y penurias amorosas.
  • Los Parkinson / Por el vino: Una garrafa bastó para que Los Parkinson compusieran colectivamente uno de los mayores himnos sobre el vino jamás escritos.
  • Julio Iglesias / Ron y Coca Cola: Una versión blanqueada de un plagio de una canción de calipso sobre la presencia militar estadounidense en Trinidad.
  • Ranchera / Fiskales ad-hok: Uno de los mejores clásicos de la veterana banda punk para desatar el mosh.
  • Sia / Chandelier: Expresa intensamente las dicotomías eternas de la bebida: la diversión y la resaca, el carrete y la culpa.
  • Meteoros / No me acuerdo de nada: Una confesión sencilla y directa que, traducida al chileno, se dice “se-me-apagó-la-tele”.
  • The Doors / Roadhouse blues: Nacida de una improvisación estando borracho, con líneas cargadas de profecía.
  • La Floripondio / Szuper alcohólico: Resume a la perfección el delirio etílico de las noches de juerga en el Puerto hace tres décadas.
  • Pantera / Goddamn electric: Una actitud de vida definida por el metal y el carrete.

El vino nos acompaña hace unos siete mil años, y sus orígenes son del Cáucaso, Georgia, una tierra que los romanos llamaron finis terrae. Desde allí llegaría a Canaán, siempre asociado a la pureza espontánea que aportaba la fermentación, que en tiempos de agua sin potabilizar, se convertía en una forma segura de sanear el agua para el consumo. Es tal la influencia del vino en la cultura griega que los Kilix, actuales cálices, están por todo el mediterráneo.

Georgia ortodoxa

Decoraciones con uvas en una iglesia ortodoxa en Georgia

No es extraño que el vino siempre estuviera asociado a la religión, pues era la bebida predilecta de los sacerdotes y la nobleza, que siempre lo utilizaron para la ofrenda a los dioses, por sobre la cerveza que era usada extensamente en las clases más populares, un rasgo que se mantuvo siempre en la historia. En Egipto se asociaba a Ra, dios del sol, y a Osiris, dios de las tinieblas de la otra vida. En Grecia, con Dionisio, dios de la vegetación y la fertilidad, que por su condición de humano e hijo de un dios, se decía de él que tenía vino en vez de sangre. Fue en la actual Turquía, Lydia, en que a Dionisio se le comenzó a llamar Bacchus y en honor a él se hacían fiestas populares llamadas Bacchanalia que son el antecedente claro de nuestros carnavales.

El vino es esencial para la religión cristiana. Solo dos pasajes, de muchos, nos demuestran su importancia en la religión de Israel. Uno de ellos es el de Noé que, con posterioridad al diluvio, lo primero que planta son vides en tierra firme. El segundo, Moisés, que en el cruce del desierto envía dos emisarios a la tierra prometida, los que retornan con un enorme racimo de uvas, señal de vida y fertilidad. No es casualidad que el primer milagro de Jesús sea convertir el agua en vino, saneando lo impuro y convirtiéndolo en aquel vino que debió servirse antes incluso que el mal vino de entrada de la misma boda, como amargamente se quejaría el maestresala del mismo matrimonio luego de probarlo.

Y es ese mismo vino, sangre de Cristo, el que nos une a Dios en el misterio de la Consagración y nos libera de toda impureza, dándonos la salvación. Es por todo lo anterior que el vino se asocia con las celebraciones de Navidad y año nuevo de una forma muy especial: beber vino en esta época es señal de civilización, moderación, renovación y alegría por el nacimiento de Jesús, de una nueva esperanza para cada uno de nosotros. Desde ese momento las decoraciones con uvas son características en las vidrieras y se plantan en cada iglesia ortodoxa.

Allí el hombre más viejo de la casa es el que realiza los brindis rituales. El primero de estos rituales de brindis es siempre por quienes ya se han ido al encuentro con Cristo, porque una antigua leyenda cuenta de un hombre que subió al cielo cuando aún no era su momento; allí, en la mesa de sus antepasados, veía como las copas se llenaban de vino en forma espontánea. Al preguntar por este milagro a sus familiares, ellos le explican que cada vez que brindan en la tierra por ellos, las copas se llenan en el cielo. El hombre, al que no le había llegado aún su tiempo de morir, volvió a la tierra y extendió en Georgia la idea de que primero se brinda por nuestros muertos “para llenar sus copas en el cielo”.

Solo a fines del siglo XVII, en suelo calcáreo, en la abadía Benedictina de Hautvillers, Don Perignon, un monje ciego, “bebió estrellas en su ceguera” al descubrir accidentalmente los vinos nerviosos de segunda fermentación en botella, con azúcar y levaduras, donde el CO2 que se produce no logra escapar de la botella, diluyéndose en el líquido, permitiéndonos celebrar con ese plus de la vida que es un buen champagne.

El rol de la Iglesia y el cristianismo en la preservación del vino es fundamental. Recordar la última cena de Jesús y que Cristo es la vid que da vida, nos orienta hacia la pureza y la salud: “No bebas agua sola, mézclala con vino, a causa de tu estómago y tus frecuentes indisposiciones” (Timoteo I, 5, 23).

Las comunidades cristianas crearon monasterios en los que se preservó, pese a enfermedades e invasiones en Europa, la cultura clásica y el cultivo de la vid. Es de esta manera que la historia de Europa, es la también la de la Iglesia, se encuentra asociada indisolublemente a la del vino. Y por extensión, es la historia de la evangelización de nuestro continente americano.

En Chile, hay que recordar que un sacerdote de la Compañía de Jesús, Francisco de Carabantes, fue quien plantó en 1548 las primeras vides tras desembarcar en Talcahuano.

Pese a toda la sofisticación, técnica o industrialización del vino, su noble mensaje es mucho más simple. Se bebe para comer, conversar, festejar y compartir con los demás, como lo hicimos al terminar el año pasado y comenzar el presente. Esto no necesariamente con el vino más caro, sino con el que nos guste, más allá de los puntos asignados bajo todos los designios posible por alguna guía o “gurú” del vino.

Es por todo esto que, para los que estudiamos y apreciamos el vino, hay una unión singular entre el primer milagro de Jesús - quien a petición de su madre, convierte el agua en vino para celebrar bajo la premisa de “hagan lo que Él les diga”- y la última cena, en que la sangre de Jesús fue primero un vino que se compartió entre varios.

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