La Denominación de Origen Calificada Rioja (DOCa Rioja) es un caso de análisis interesante para entender la importancia del marco institucional y de la Historia en la configuración de las características actuales del sector en la región.
Las características actuales del sector vitivinícola en la Denominación de Origen Calificada Rioja (DOCa Rioja) son el resultado de una evolución en la que se han ido configurando cada uno de los factores que determinan en cada momento el funcionamiento económico del sector: espacio de producción, condicionantes de la producción y del crecimiento, producto, agentes económicos, mercado y marco institucional.
La región vitivinícola de la DOCa Rioja se localiza en el valle del río Ebro, estando cerrada al norte por la sierra de Cantabria y al sur por la sierra de la Demanda, constituyendo una zona que se extiende por unas 200.000 hectáreas de tierras cultivadas de las que 63.137 se dedican al cultivo de la vida.
Mapa de la DOCa Rioja.
Evolución y Distribución de la Superficie Vitivinícola
En 2013, la DOCa ampara una superficie de 63.137 hectáreas de viñedo distribuidas entre tres comunidades autónomas: La Rioja aporta el 68 por ciento de la misma, Álava el 21 y Navarra el 11.
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En total son 142 términos municipales (118 son de La Rioja, 15 de Álava, 8 de Navarra y uno, Miranda de Ebro -finca Ternero-, de Castilla y León).
El aumento de la producción es el resultado de la combinación del crecimiento de la superficie y del aumento del rendimiento. La conjugación de ambos explica que el crecimiento de la producción, combine una componente de carácter extensivo (aumento de la superficie cultivada) y otra de carácter intensivo (aumento del rendimiento).
Más allá de las limitaciones normativas, el rendimiento estará condicionado por variables directamente relacionadas con el modo de producción, en particular con: prácticas culturales, parcelación, localización, tamaño de las explotaciones, edad y variedades.
Sí se ha producido, sin embargo, un cambio en la distribución de la superficie cultivada de viñedo entre tierras de secano y de regadío.
RUTA DEL VINO - LA RIOJA
Estructura de la Propiedad y Titulares de Viñedo
Desde la perspectiva de la estructura de propiedad, según tamaño, no se observan cambios significativos en las últimas décadas. En el año 2013 había 16.706 titulares de viñedo inscritos en el registro correspondiente del Consejo Regulador, manteniéndose la pluralidad que caracteriza a la denominación desde esta perspectiva: muchos pequeños propietarios (menos de 5 hectáreas) que representan el 78 por ciento de los titulares pero que concentran menos de la tercera parte del viñedo, y pocos medianos y grandes propietarios (más de 20 hectáreas) que representan el 1,4 por ciento de los titulares y concentran casi el 20 por ciento del viñedo inscrito en la denominación.
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Entre ambos grupos hay un colectivo de 3.438 titulares, que cultiva casi la mitad del viñedo inscrito.
Viñedos en La Rioja.
Cambios en la Producción y Variedades de Uva
Otra variable determinante del comportamiento del rendimiento es la edad del viñedo, por cuanto es menor la productividad del viñedo viejo. Una parte del crecimiento del sector, desde los años ochenta, es consecuencia del rejuvenecimiento de las cepas.
Entre 1983 y 2013, el crecimiento ha estado acompañado de una especialización productiva que concentra la producción de uva (y consecuentemente la de vino) en las variedades tintas (de una relación 80/20 entre tintas y blancas en 1983, se ha pasado a la relación actual 94/6) y entre éstas principalmente en la variedad Tempranillo (41 por ciento de la superficie total de viñedo de la DOCa en 1983 y 80,3 por ciento en 2012), con pérdida de superficie en la variedad Garnacha tinta.
Los bajos precios pagados por la uva blanca, que no compensaba el mayor rendimiento, fueron la causa que animó la sustitución de variedades blancas por tintas.
En definitiva, la evolución del rendimiento por hectárea es el resultado de un conjunto de cambios que, con carácter general, explican el aumento del mismo y entre los que sólo el cambio varietal, por la reducción de la superficie cultivada con variedades blancas, actúa en sentido contrario.
Características del Producto Ofertado
El producto ofertado puede ser analizado a partir de diferentes características entre las que color, variedad y envejecimiento son las más importantes. Por lo que respecta al color, cada vez es un indicador menos relevante, debido a la pérdida de importancia de la producción de uvas blancas y a una menor elaboración de vinos blancos y rosados, en favor de los vinos tintos, que concentran la mayor parte de la producción.
Si en los primeros años de la década de los ochenta el vino blanco y rosado representaba más de la cuarta parte de la elaboración y ventas de Rioja, en el año 2013, los vinos tintos representan el 90 por ciento y los blancos el 5 por ciento.
A diferencia de lo que ocurre en otras zonas productoras, el criterio que tradicionalmente, al menos desde el siglo XIX, ha segmentado la oferta y la demanda en el sector vitivinícola riojano, tiene que ver con el tiempo de envejecimiento regulado en el capítulo IV del Reglamento de la Denominación.
En 2013, de cada 100 botellas vendidas, aproximadamente 45 son de vino joven y 55 de vinos criados (37 crianzas, 16 reservas, y 2 grandes reservas). El año 1983 ofrece una estructura de las ventas, según este criterio, muy diferente, 55, vino joven, 36, crianza, 6, reserva y 3, gran reserva.
Agentes Económicos en el Proceso de Producción
En el proceso de producción de uva, elaboración del vino, almacenamiento y crianza, participan cinco tipos de agentes económicos: viticultores no asociados que no elaboran (9.745 el año 2013), viticultores no asociados que elaboran o cosecheros (306), viticultores asociados (6.961 en 38 cooperativas), almacenistas (64) y criadores (391).
En el grupo de viticultores elaboradores, la capacidad de elaborar es lo único que tienen en común cosecheros y cooperativistas.
A partir de ahí, es muy difícil encontrar puntos de encuentro entre los intereses de uno y otro grupo, por razones que van, desde el tamaño, hasta la fórmula jurídica que sustenta a uno y otro tipo de negocio.
La evolución del número de titulares de bodegas permite constatar la reducción del número de bodegas de cosechero (2.080 el año 1982) y el aumento en bodegas de crianza (63 en 1982). Esta evolución no se explica sólo por el abandono de la actividad por parte de los cosecheros y la atracción del segmento de la crianza; es necesario, además, tener en cuenta que entre estas dos tendencias hay una conexión derivada del marco normativo.
Hasta el año 1991, para inscribirse en el registro de bodegas de crianza, el reglamento exigía tener un mínimo de 500 barricas de 225 litros de capacidad y, desde ese año, el número mínimo de barricas se reduce, primero a 100, y luego a 50.
La estructura apuntada se refleja en la aportación por grupos a la elaboración de vino. Hay que destacar la pérdida de importancia relativa de una figura histórica en el sector, los cosecheros. El cosechero, como elaborador y vendedor de vino joven, mayoritariamente a granel, ha ido desapareciendo al mismo tiempo que emerge con fuerza la figura del cosechero criador, esto es, el viejo cosechero protagonista en los siglos anteriores de la historia del Rioja entra, en el siglo XXI, como una bodega, generalmente de tipo familiar, que elabora su producción de uva, y que vende vino embotellado, joven o criado.
La importancia de cada uno de estos agentes económicos se refleja también en la capacidad de almacenamiento y de crianza.
Tamaño de las Empresas y Comercialización del Vino
Al analizar el tamaño de las empresas, a partir del volumen de vino comercializado se refuerza, de nuevo, la idea de pluralidad que se ha destacado anteriormente. Desde esta perspectiva, el sector vitivinícola en la DOCa Rioja se caracteriza por tener un elevado número (443) de bodegas pequeñas que comercializan menos de medio millón de litros cada una y muy pocas (12, de las que solo una de ellas es cooperativa) medianas y grandes bodegas que venden, cada una, más de 5 millones de litros.
Mercado en Origen y Destino
Los intercambios entre los diferentes agentes económicos que operan en la DOCa Rioja y los que se producen entre éstos y los consumidores se canalizan a través de dos mercados, uno para la materia prima, uva o vino, denominado mercado en origen, y otro para el producto final, mercado en destino.
Para entender el funcionamiento de estos dos mercados, hay que tener en cuenta, una vez más, el marco normativo. Por otro lado, del atributo de Calificada, que acompaña a la Denominación de Origen Rioja desde el año 1991, se derivan también algunos condicionantes para el producto que llega al mercado final y entre estos destaca uno, que toda la producción ha de venderse embotellada.
En el mercado en origen, durante los años noventa se invierte la relación entre la parte de la producción que se vende en uva y la que se vende en vino (40/60 en 1990 y 57/43 en el año 2000). Esta tendencia se consolida en la primera década del siglo XXI, vendiéndose en el año 2007 sólo el 36 por ciento de la producción como vino.
El 69 por ciento de las bodegas de crianza, el 45 por ciento de almacenamiento y el 25 por ciento de los cosecheros se abastecen de uva en el mercado en origen y la mayoría de ellas tiene proveedores habituales, con o sin relación contractual, siendo más frecuente el contrato verbal que el escrito.
Entre las bodegas de mayor tamaño, el grado de autoaprovisionamiento es bajo: el 59,1 por ciento cubre con producción propia menos del 25 por ciento de sus necesidades; el 31,8, con una proporción que varía entre el 25 y el 75 por ciento; y el 9,1 por ciento más del 75 por ciento.
Precios de la Uva y del Vino
En este mercado en origen, los precios de la uva y del vino tienen un papel relevante, ya que han sido, y son, determinantes en muchas de las decisiones adoptadas por el sector para su funcionamiento económico, decisiones que, en determinados casos, se reflejan en cambios en el marco institucional. Sirva como ejemplo el acuerdo alcanzado por el sector el año 2007 para regular la oferta por el que se fija el rendimiento amparado, se limita la entrada de uva en bodega y se crea el stock cualitativo.
Para entender las razones por las que se adoptan algunas decisiones y las relaciones interprofesionales existentes, es importante destacar tres cuestiones que tienen que ver con el comportamiento y evolución de los precios: su volatilidad, la existencia de factores condicionantes, a priori diferentes, de los precios de la uva y del vino, y la relación observada entre la tendencia de los precios y el valor de la ratio de almacenamiento.
La serie de precios de la uva y del vino, desde el año 1970 muestra una gran volatilidad que no puede ser explicada atendiendo únicamente al comportamiento de la oferta y de la demanda. Esta fluctuación de los precios ha sido, tradicionalmente, motivo de preocupación en el sector, en unos casos para los demandantes de uva y/o vino y, en otros, para los productores.
Por ello han intentado, en repetidas ocasiones, alcanzar algún acuerdo para reducir su volatilidad. La serie de precios pagados por el vino se caracteriza por su elevada volatilidad y en este contexto hay que situar el nacimiento, el año 2003, de la Organización Interprofesional del Vino de Rioja (OIPVR) y los acuerdos dirigidos a incentivar la demanda (plan estratégico, promoción... ) y a controlar la oferta (limitación de rendimiento, control de plantaciones y acuerdo para eliminar el exceso de producción), para dar estabilidad a los precios.
Viñedos Patrimoniales en Chile y su Relevancia
Las viñas patrimoniales se han convertido en un tema de creciente interés, a partir de la valoración del patrimonio ancestral como herramienta de desarrollo rural, en el marco de la economía naranja. Los economistas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han enfatizado que la valoración del patrimonio ancestral, en el marco de la economía naranja, puede ser una solución para las empobrecidas regiones rurales de América Latina.
El proceso de identificación y reconocimiento de los viñedos patrimoniales como Patrimonio de la Humanidad ha permitido valorizar una decena viñedos culturales; uno se encuentra en Asia, concretamente en Palestina (viñas de Battir); todos los demás se hallan en Europa, incluyendo tres en Francia (Borgoña, Champagne y Saint Émilion), otro en Portugal (Alto Duero y Pico), en Austria (Wachau), Hungría (Tokaj), Alemania (Alto Rhin), Italia (Pontevenere-Cinque Terre). Otros países están trabajando para lograr estos reconocimientos, como España, que postula los viñedos de La Rioja y de Castilla La Mancha.
Dentro de este marco, uno de los aspectos inherentes a un viñedo para determinar su dimensión patrimonial, es la historia, porque “solo de esta forma podemos diferenciar la actividad agraria de carácter patrimonial de aquella otra del presente”.
El presente artículo se propone aportar los antecedentes históricos de los viñedos patrimoniales de Chile, correspondientes al siglo XX. Para el caso latinoamericano, la corriente principal se ha focalizado en el estudio de los vinos patrimoniales. Entre ellos se incluyen vinos campesinos populares como Pipeño y Chacolí; las Chichas y los vinos escogidos como Pajarete y Asoleado, juntamente con los vinos del desierto extremo, el Pintatani de Codpa y los vinos de la Pampa del Tamarugal.
Ante la ausencia de un corpus teórico consolidado sobre los viñedos patrimoniales, el presente artículo debe asumir cierto matiz de estudio exploratorio. Se trata de sistematizar la documentación disponible, para proponer una interpretación que sirva como base para ulteriores investigaciones de mayor profundidad y alcance.
Para evitar confusiones y distorsiones, no se han incluido dentro del análisis los viñedos destinados a consumo de uva en fresco ni para elaborar pisco. La citada fuente se ha examinado críticamente a la luz de la literatura especializada, observaciones en terreno, informes de consultoras, registros de prensa y los registros de viñedos elaborados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura de Argentina, como principal referente de América Latina.
Como hipótesis de trabajo, este estudio sostiene que las viñas patrimoniales de Chile han surgido como resultado de un largo proceso histórico de construcción colectiva del viñedo, efectuada por los campesinos del secano interior sur, entre los ríos Mataquito y el Bio Bio, con régimen hídrico de secano, sistema de conducción en cabeza y variedades tradicionales asociadas al paradigma hispanocriollo.
Dentro de este esquema, los viticultores desarrollaron sus propios paisajes culturales, con un patrimonio material e inmaterial definido, con sus propias pautas de elaboración, distribución, transporte y consumo.
Es importante tener en cuenta la situación actual de las viñas patrimoniales de Chile porque una de las exigencias para reconocerlas como tal, es su condición de patrimonio vivo. Por tal motivo, conviene identificar con claridad la localización y características de la corriente principal de los viñedos patrimoniales de Chile como punto de partida para el análisis.
Para ello, el informe más actualizado es el Catastro del Viñedo de Chile, publicado por el SAG en 2020, correspondiente a los registros de 2018. En este documento se identifican 137.000 hectáreas de viñedos dedicados a elaboración de vinos.
En este trabajo no se pretende dar cuenta de todos los viñedos patrimoniales, sino únicamente, su corriente principal. Porque existen en Chile muchas viñas que también pueden aspirar a reivindicar su dimensión patrimonial, como las viñas del Valle del Huasco y del Valle del Elqui, como así también, cepajes que han sobrevivido en algunas zonas extremas del mapa vitivinícola de Chile.
Para establecer los criterios adecuados para definir la cualidad de los viñedos chilenos, la teoría disponible entrega algunas claves. Por un lado, se requiere detectar una “larga tradición” como fundamento central.
Por otra parte, a la antigüedad histórica se suma la formulación de un conjunto coherente, que articule los aspectos materiales con los inmateriales. Los viñedos patrimoniales tienen que presentar un vínculo estrecho entre la naturaleza y la cultura; entre el suelo y el clima, por un lado, y los saberes campesinos con sus técnicas artesanales por otro.
Implícitamente, las viñas patrimoniales surgen de abajo hacia arriba, a partir del protagonismo de los campesinos, antes que, desde arriba hacia abajo, por acción del capital y la tecnología. Esta dupla se mueve en función de la rentabilidad económica, mientras que las viñas patrimoniales tienen mayor anclaje en la cultura, la vida social y la identidad particular de un territorio.